Ni Brexit, ni Trump José Ramón García

Permítanme y permítanse un alto en el camino hacia la apocalipsis total. Aunque sea para como afirmaba Marcelino Menéndez Pelayo en su Historia de los heterodoxos españoles para exponer que existió un pensamiento que escapó al Santo Oficio, pero que no se trata de una historia de los herejes, si no de católicos que a veces se adentraron en la heterodoxia protestante. Y con esta advertencia me propongo explicar, con todas las matizaciones posibles, las razones por las que considero que al menos intelectualmente el Brexit y las dudas que conlleva, pueden llegar a no ocurrir . Al igual me propongo enumerar unas posibles razones por las que pienso que Trump puede incluso no llegar a convertirse en el Presidente tan catastrófico que anuncian al unísono muchos medios de comunicación y analistas cuando todavía no se conoce ni quién ocupará su Secretaría de Estado ni qué política exterior va a seguir. Es verdad que a Trump no le han concedido el Premio Nobel de la Paz preventivo que le otorgaron a su predecesor, sin embargo no es menos cierto que ya ha tomado algunas iniciativas que anuncia ciertos cambios.
Estas dudas me las alimentan los contactos de estas últimas semanas y las preguntas “incómodas” que no están teniendo una contestación firme y clara arrojando una sombra de incertidumbre y una sensación generalizada de improvisación sobre estas dos realidades, sobre todo en el caso del Brexit.

La primera de esas preguntas ya existía antes de que Gina Miller saltara a la fama con su demanda a los tribunales sobre si el Parlamento británico tiene algo que decir sobre el Brexit. El Referéndum se realizó siguiendo los mecanismos de los referéndums europeos. Una legislación especial que como ha tenido que sufrir tantos ataques de los “eurófobos” de tantos partidos a lo largo de los últimos años en el Reino Unido hace que ese referedum jurídicamente sea “non-abiding” es decir sean “no vinculante”. Claro que el resultado de la consulta aunque fuera con un margen tan pequeño de 51,9% a 48,1% para una cuestión tan capital llevó a como dicen muchos políticos británicos, a que “nunca una cuestión haya recibido tantos votos en el Reino Unido, nunca 17,4 millones de personas votaron a favor de algo”. Nadie contesta su referéndum ni la firme voluntad de su gobierno, lo evidente es que el caso Miller ha manifestado el primero de los obstáculos hacia la salida británica de la Unión. Esa decisión lleva a que el “trigger mechanism” es decir, las negociaciones sobre el Artículo 50 del Tratado de Lisboa para abandonar la UE se esté analizando y les pido que sigan el recurso de apelación que empezó en diciembre en el Tribunal Supremo. Se va a negociar durante dos años, ¿pero serán suficientes? El resultado de esa negociación con las instituciones europeas para intentar que no concurran parlamentarios británicos a las siguientes elecciones europeas al Parlamento dará un nuevo tratado internacional que debe de ser aprobado por muchos países en referéndum ¿ Y si algún país no lo aprueba? ¿Ese nuevo tratado Brexit tiene que pasar por el Parlamento Británico? ¿ No hay riesgo de que de vuelta al Parlamento británico los lib-dem, los conservadores cuyas “constituencies” se vean afectadas de forma más informada de los efectos nocivos del Brexit, o los que se vuelvan abiertamente eurófilos como antes existían los eurófobos, o los laboristas en busca de una oposición creíble al gobierno, o el partido de los Nacionalistas Escoceses hagan que el juego de mayorías se tambalee? ¿ Y si se pide un referéndum “abiding” a la Cámara de los Lores? Las respuestas van en la línea de que el Brexit va a ocurrir sí o sí, y que o es “soft o es hard”. Pero sea lo que sea tiene que ir por el mismo mecanismo descrito. A estas alturas me temo que el “Brexit is Brexit” no significa otras cosa distinta de que “Breakfast is Breakfast” parafraseando a Davies, pero alguien tiene proveer el café y las tostadas y la mantequilla europea, sin citar que cada nuevo acuerdo comercial se tiene que negociar por los británicos bilateralmente en el marco de la OMC.

Y en este ambiente aparece un Presidente como Trump que no propone otra cosa distinta a la de sus primos especiales británicos. Negociar y renegociar todo en beneficio de sus americanos. Nos dice que tendremos que pagar nuestra seguridad en la OTAN, pero seguro que espera que lo operemos comprando material norteamericano, y a lo mejor si cambia la primera parte de la ecuación también cambia la segunda. La renegociación del NAFTA o el TTIP también van en ese sentido pero necesita al Congreso de la Nación y las dos Cámaras aunque republicanas son muy complejas y “no son suyas”, tendrá que convencer y no sólo vencer. Y además tienen que aprobarle a sus “ministros” con lo cuál hay lugar a la negociación donde a lo mejor también encuentra su espacio la necesaria cordura que para mi es más evidente bajo la niebla de acusaciones infundadas y gratuitas. Proponer a “Perro Rabioso” Mattis como Secretario de Defensa parece crear una baza de propaganda como sólo las creaba Napoleón hasta que se enfrentó con los españoles, Kutuzov y Wellington. A nadie le van a quedar ganas de meterse con los EE.UU. Este reputado General no ha afirmado que su ambición sea liderar la Tercera Guerra Mundial, si no que nos ha propuesto una lista de lecturas. Lo mismo con la llamada a Taiwan que parece hacer tambalear la seguridad de la China Continental con un solo golpe de teléfono, o su pretendida alianza con Rusia. A lo mejor es un hombre que está renegociando lo que considera perjudicaba a su país y lo quiere hacer mejor, dejando que la paz sea tarea de todos en mayores partes alícuotas, ese multilateralismo que tanto le hemos exigido a los EE.UU. Eso sí, parece que con la boquita muy pequeñita.
Como en las grandes películas, tendremos que esperar al final que siempre les parecerá a todos los analistas más evidente que este ficticio guión que les hemos propuesto a modo de ejercicio intelectual.

José Ramón García.
Portavoz del Grupo Popular en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados.