La política de Defensa Europea: el avance continúa Mercedes Guinea Llorente. Universidad Complutense de Madrid

El Consejo Europeo de 28 y 29 de junio de 2018 dedicó parte de sus trabajos a abordar el estado actual de la nueva Política Común de Seguridad y Defensa lanzada desde el año pasado. En el nuevo método de actuación de la Agenda de los Líderes, en los grandes temas y con el objetivo de reforzar la eficacia, el Consejo Europeo está haciendo un seguimiento regular de la agenda europea, con el fin de que no se pierda ni impulso ni determinación.

Esta Cumbre, monopolizada por la espinosa cuestión de la migración, más que abrir nuevos temas y tomar decisiones innovadoras, ha hecho un seguimiento de la puesta en marcha de los relevantes hitos decididos a lo largo del año pasado. Ratifican la voluntad, explicitada el año pasado, de asumir una mayor responsabilidad en su seguridad y defensa. Y es que 2017 fue el año del nacimiento efectivo de la Unión Europea de la Defensa, en que bajo el decisivo impulso de la Alta Representante Mogherini, y los factores distorsionadores-federalizadores Brexit-Putin-Trump, ha dado sus primeros pasos hacia la autonomía estratégica, o dicho de otra manera, hacia la autodefensa sin tener que descansar en la tutela estadounidense. Si 2017 es el año del impulso político, 2018 es el de la acción determinada para llevar a la realidad esos compromisos políticos.

En diciembre se decidió la puesta en marcha de la Cooperación Estructurada Permanente (CEP), prevista en el Tratado de Lisboa y nunca desarrollada. Esta cooperación reforzada entre veinticinco Estados miembros tiene la finalidad de desarrollar una coordinación entre sus políticas de defensa, incrementar la inversión y desarrollar conjuntamente capacidades de defensa. Su objetivo es doble: reforzar las capacidades defensivas europeas y ponerlas al servicio de las operaciones que pueda desarrollar la UE. En la participación se impuso la tesis alemana de la inclusividad: están todos los Estados miembros salvo Dinamarca, Malta y, lógicamente, el saliente Reino Unido.

Seis meses después el Consejo Europeo ha pasado revista a todas las actuaciones que la están implementando y dotando de contenido. Se han dado el visto bueno a decisiones claves sobre el marco institucional, sobre la verificación de los compromisos que asumen los Estados, y a los diecisiete primeros proyectos y los Estados miembros que participan en cada uno de ellos. Estos proyectos, aprobados en marzo pasado, van desde el desarrollo de capacidades conjuntas como el Centro de Mando Médico o la Red de Centros Logísticos en Europa y de Apoyo a las Operaciones, como proyectos de Movilidad Militar y entrenamiento conjunto o de desarrollo de capacidades, por ejemplo frente a ciberamenazas o en el ámbito de la infantería.

Respecto al desarrollo de la PESCO, el Consejo Europeo fija dos objetivos para los próximos meses. Por una parte, que el Consejo fije las condiciones para la participación de terceros, lo que resulta clave para determinar en el futuro una posible relación estrecha del Reino Unido, cuestión prioritaria para May. El segundo objetivo es la aprobación en noviembre de 2018 de la segunda serie de proyectos, para los cuales se pide a los Estados miembros ambición y compromiso.

El Consejo Europeo ha hecho un llamamiento específico a que se implemente el Plan de Desarrollo de Capacidades, aprobado en el seno de la Agencia Europea de Defensa el mismo 28 de junio. Este Plan persigue servir de referencia a todas las iniciativas en materia de capacidades adoptadas por los Estados miembros y conjuntamente en el seno de la UE, con el objetivo de reforzar la coherencia de las actuaciones, evitar duplicidades y rellenar vacíos. Las prioridades aprobadas persiguen, entre otras, iniciativas en materia de ciberdefensa, la comunicación por satélite, la defensa contra misiles balísticos y la movilidad militar.

El Consejo Europeo se ha detenido, especialmente, en la cuestión de la movilidad militar, que no sólo es objeto de la PESCO, sino también de la cooperación con la OTAN desde la agenda conjunta aprobada en julio de 2016. Esta cuestión resulta fundamental a la hora de conseguir que unidades de distintos Estados miembros puedan actuar conjuntamente. Pide que se ultime la definición de las necesidades militares de la UE e insta a los Estados miembros a que simplifique sus normas y procedimientos en un periodo de seis años, con el objetivo de reforzar la interoperabilidad de las tropas europeas.

En relación al desarrollo de capacidades y la vertiente industrial, el Consejo Europeo pide impulsar la aplicación del Programa Europeo de Desarrollo Industrial y el Fondo Europeo de Defensa. Ambos pretenden desarrollar la innovación y la industria europea de defensa, con cargo al presupuesto común, de manera que los europeos no seamos dependientes de terceros Estados a la hora de contar con tecnologías punta en este área tan sensible.

Finalmente, el Consejo Europeo da impulso a los trabajos recientes de refuerzo de la vertiente civil de la PCSD, quizás una de las características más identificativas de la seguridad europea. En un marco de renovación y nueva ambición se pide a los Estados que lleguen a un pacto ambicioso sobre un nuevo marco para las misiones de gestión civil de crisis y las misiones civiles de la PCSD.

En materia de defensa, en cualquier caso, hay dos cuestiones sobre las que el Consejo Europeo no se ha pronunciado y que se echan de menos. La primera es una posición común frente a la Cumbre de la OTAN, que se desarrollará en julio próximo, sobre la que simplemente afirma su voluntad de que se llegue a una nueva declaración conjunta. Anhelo que no parece tan fácil de alcanzar, teniendo en cuenta las desavenencias en la relación transatlántica mostradas en el último G7. La segunda cuestión es la Iniciativa Europea de Intervención, puesta en marcha por nueve Estados a iniciativa de Francia y al margen de la UE, que persigue una cooperación reforzada de estos países para generar fuerzas conjuntas de intervención rápida. Es la reacción de Macron a la entendida como falta de ambición de la CEP y permite la participación de terceros como el Reino Unido. Está claro que dentro y fuera de la UE la autonomía defensiva es una prioridad para los europeos que está avanzando a pasos firmes.