España debe adherirse a la declaración de Meseberg Francisco Aldecoa Luzárraga. Catedrático de Relaciones Internacionales en la UCM

A veces, las cuestiones urgentes nos hacen olvidarnos de los asuntos importantes. El día 14 de junio se publicó el sondeo estándar del Eurobarómetro nº89 de primavera de 2018. En el mismo se podía apreciar un cambio muy positivo en la percepción de los ciudadanos europeos en torno al proyecto europeo. No había habido unos resultados tan positivos desde hacía diez, veinte o treinta años según a la pregunta que nos refiriéramos. Especialmente positiva es la aceptación de la pertenencia a la Unión Europea, de su imagen y de la confianza en el futuro de Europa.

En este contexto, ha pasado desapercibida en nuestra opinión pública la hoja de ruta aprobada en el castillo de Meseberg – a setenta kilómetros de Berlín- entre Angela Merkel y Emmanuel Macron el 19 de junio de este año, hace apenas unos días. Propuestas que ya están dando fruto, ya que algunas de ellas, concretamente en el ámbito de la Unión Económica y Monetaria, se han empezado a aprobar ya en el Consejo Europeo de 28 y 29 de junio, especialmente en la Cumbre del Euro a veintisiete del viernes 29.

Esta declaración franco-alemana no es una declaración más, ni una hoja de ruta coyuntural únicamente para cuestiones económicas, sino una auténtica declaración que busca consolidar el relanzamiento del proyecto europeo abordando un conjunto importante de temas, no sólo de carácter económico sino de distinta naturaleza. Aborda aspectos para resolver a lo largo de esta legislatura a tratado constante, aunque también se avanza en cuestiones que exigirán la reforma de los tratados en la siguiente legislatura, la novena.

La declaración se titula (en mi libre traducción, ya que no hay traducción al castellano) “Renovando las promesas de seguridad y prosperidad europeas”. Comienza con una introducción que tiene un cierto carácter de solemnidad, en la que se fundamenta su razón de ser, recordando los valores compartidos, y se hace referencia a la necesidad de enfrentar los desafíos existenciales que tiene la Unión Europea. Destaca, precisamente, la ambición común y compartida franco-alemana para el proyecto europeo:

“un proyecto democrático, soberano en una Europa Unida; una Europa competitiva; una Europa que está basada en la prosperidad y defiende su modelo económico, social y cultural diverso, que promete una sociedad abierta basada en los valores comunes de pluralismo, solidaridad y justicia, basados en el Estado de derecho en cualquier lugar de la Unión Europea y promoviéndolo en el exterior; una Europa que está preparada para hacer valer su papel internacional para impulsar la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible y ser líder en la lucha contra el cambio climático y una Europa que se dirige afortunadamente al desafío de la inmigración”.

El documento trata los temas de política exterior y defensa; de desarrollo, migración y asilo; de economía política y competitividad; de la Unión Económica y Monetaria, de la fiscalidad, del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) -que tiende a convertirse en un Fondo Monetario Europeo-; de la Unión Bancaria y del Sistema de Garantía de Depósitos; del presupuesto del Euro y de la investigación e innovación, así como del clima y de la reducción del número de Comisarios, entre otros temas. Como vemos, un gran elenco de las cuestiones centrales a las que debe enfrentarse Europa.

A mi juicio, tienen especial relevancia dos, a las cuales me voy a referir: la política exterior y de defensa y la Unión Económica y Monetaria. Por lo que se refiere a la primera, la Declaración se centra en explorar la posibilidad de usar el voto por mayoría en la PESC, desapareciendo la unanimidad, y en el marco del debate sobre la dimensión externa de las políticas comunes. Asimismo, señala la necesidad de aprovechar la oportunidad de la presencia conjunta de Francia y Alemania en el Consejo de Seguridad y hace referencia también a la necesidad de vincular la iniciativa de intervención europea (presentada recientemente -el 25 de junio de este año- por nueve Estados miembros) tan estrechamente como sea posible con la PESCO, así como al desarrollo del futuro sistema de combate aéreo y la creación de un Consejo Europeo de Seguridad, entre otras cuestiones.

En el ámbito de la Unión Económica y Monetaria se tratan muchos aspectos, entre los que creo que procede destacar la culminación de la Unión Bancaria, con el Sistema Europeo de Depósitos, y el presupuesto de la Eurozona, defendiendo su puesta en marcha a partir de 2021, con el objetivo de promover la competitividad, la convergencia y la estabilización de la zona Euro. Este paso significa un cambio importante en la posición alemana, que hasta ahora no lo aceptaba por tener ciertas reticencias al respecto. Se anuncia también la creación de un Fondo Europeo de Estabilización del Desempleo.

¿Por qué España debería adherirse a este proyecto? Desde mi punto de vista porque, como demuestra la consulta del Eurobarómetro reciente, tenemos la misma percepción sobre la necesidad de relanzar el proyecto europeo y una confianza en el futuro de la Unión Europea similar a la de la ciudadanía francesa o la alemana. Quizá sería también la oportunidad de expresar este compromiso con la necesidad de un impulso en la integración europea a través de un pacto parlamentario que suscribieran todas las fuerzas políticas.

¿Para qué? Para visualizar en Europa que España quiere comprometerse con el relanzamiento europeo y participar en el liderazgo franco-alemán, como ya hicimos desde que entramos a formar parte de la Unión Europea en el año 1986, con importantísimas aportaciones como la ciudadanía europea o la cohesión económica y social. Con ello, queremos dar continuidad a la labor realizada por la sociedad española y sus gobiernos en el liderazgo de la profundización del proyecto europeo, y debido al cual se nos consideró como uno más de los países fundadores.

España, al adherirse a esta declaración, debería también aportar algunas iniciativas sobre aspectos que en la misma se contemplan de forma insuficiente -y que obedecen a los valores, intereses y visiones que España ha venido defendiendo tradicionalmente- para profundizar en el proyecto europeo. Éstas serían el reforzamiento del modelo social, el refuerzo de la cohesión económica y social, el desarrollo de la política de seguridad interior y la profundización en la dimensión mediterránea y latinoamericana.

Soy consciente de que quizás no sea técnicamente posible adherirse a esta declaración, ya que se inscribe en la relación bilateral franco-alemana y tiene por objeto actualizar el Tratado del Eliseo en diciembre de 2018. Por ello, habrá que buscar la manera y el instrumento con el que se pueda visualizar que España apoya el esquema de relanzamiento europeo contemplado en la declaración de Meseberg y que está dispuesta a participar activamente en el “Grupo de los tres”.