Bárbara Fernández – Coordinadora del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo
El Consejo Federal Español del Movimiento Europeo presenta en Madrid una obra imprescindible para entender los desafíos de seguridad, demografía y soberanía en la región africana.
MADRID. – El pasado 11 de junio, la Oficina de la Representación de la Comisión Europea en Madrid se convirtió en el epicentro del debate estratégico sobre el continente vecino. Bajo el título “El papel de España en el Sahel en el marco de la relación Unión Europea – Unión Africana”, la nueva publicación del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo (CFEME) fue presentada en un acto que congregó a destacados diplomáticos, académicos y expertos en relaciones internacionales. Todos coincidieron en una premisa urgente: lo que ocurre en el Sahel no se queda en el Sahel; impacta de forma directa y decisiva en el porvenir de Europa.
El encargado de abrir el acto y dar la bienvenida a los ponentes fue Daniel Calleja, director de la Oficina de la Representación de la Comisión Europea en España. Calleja ejerció como moderador de la jornada y no dudó en lanzar una firme recomendación a los asistentes: leer con detenimiento el prólogo del libro, firmado por Javier Niño. Según sus palabras, comprender este texto es una condición indispensable no solo para asimilar la compleja realidad presente del continente africano, sino también para vislumbrar el destino geopolítico de la propia Europa.
El presidente del CFEME, Francisco Aldecoa, desveló las bambalinas de una obra que ya está teniendo una gran repercusión en las librerías tras apenas quince días en el mercado. El libro surge como resultado de un exitoso seminario celebrado en Casa África (Las Palmas de Gran Canaria) bajo los auspicios de la Secretaría de Estado de asuntos exteriores y globales. Aldecoa desgranó la estructura del volumen –compuesto por ocho capítulos, un prólogo y una introducción– y subrayó que la obra busca responder a preguntas incómodas pero vitales: la relevancia de la región para España, el vacío dejado tras la retirada francesa y el margen de maniobra que le queda a la diplomacia española.
La Directora General para África, Ximena Bartolomé, estructuró su intervención en cuatro ejes esenciales para reivindicar el valor de que instituciones civiles publiquen sobre esta materia. Bartolomé defendió con contundencia la existencia de un «enfoque sur» en el análisis del Sahel, rompiendo con la tradicional hegemonía del pensamiento francés en la zona. Advirtió que la amenaza se está acercando y que España, al ser el único país de la UE con fronteras terrestres en el continente africano, debe abanderar que Bruselas mantenga el foco en la región. Asimismo, apostó por una nueva hoja de ruta basada en el respeto mutuo, desmantelando la caduca relación vertical de «donante-recipiente».
El embajador Alberto Navarro, miembro clave en la selección de los autores del libro, aportó una perspectiva demográfica que sacudió a la sala. Navarro recordó que África concentra actualmente el 16% de la población mundial y que las previsiones apuntan a que el continente absorberá más de la mitad del crecimiento global en las próximas décadas. Puso como ejemplos paradigmáticos los casos de Nigeria y Níger (donde la media de edad es de apenas 15 años). Para el embajador, la prosperidad y la seguridad europeas están indisolublemente ligadas al desarrollo africano, y propuso estrategias de integración industrial que incluyan a países como Marruecos para cerrar la brecha socioeconómica.
La exembajadora en Níger, Nuria Reigosa, centró su discurso en la descarnada realidad de la seguridad sobre el terreno, calificando al Sahel como el actual epicentro del terrorismo internacional. Reigosa explicó que la fragilidad institucional y las fronteras porosas de países como Burkina Faso, Mali y Níger han sido el caldo de cultivo ideal para la expansión de filiales de Daesh, Al-Qaeda y Boko Haram. Ante la ausencia del Estado, estas redes captan la lealtad de comunidades marginadas ofreciéndoles la protección que nadie más les brinda. La diplomática instó a seguir cooperando en inteligencia, asfixia financiera y fortalecimiento de capacidades locales para evitar que la crisis termine desbordándose hacia las costas europeas.
El reputado profesor de relaciones internacionales Carlos Echeverría profundizó en la metamorfosis de las organizaciones criminales en la región. Su mensaje fue de alerta máxima: el terrorismo yihadista ha mutado «a peor», volviéndose mucho más peligroso y adaptativo. Echeverría situó el origen del desequilibrio regional en la caída de Libia, que convirtió al Sahel en un refugio y un campo de batalla transnacional. Además, alertó de que la alarmante falta de coordinación internacional dificulta las soluciones y apuntó que las tensiones bilaterales entre actores clave de la zona, como Marruecos y Argelia, añaden una capa extra de complejidad geopolítica que dinamita los esfuerzos de estabilización.
En una de las intervenciones más metafóricas de la jornada {dicha intervención puede encontrarse completa en otro artículo de este boletín}, nuestro colaborador Guillermo Hergueta comparó al Sahel con un paciente aquejado de un gravísimo dolor de piernas que ningún especialista logra sanar. Hergueta diseccionó el papel de las potencias rivales: Rusia ofrece «muletas a precio de oro» (seguridad a cambio de recursos estratégicos) que no curan la enfermedad; mientras que China ejerce de «médico de cabecera», ofreciendo una cooperación económica que genera dependencia estructural. Frente a esto, argumentó que España es el «médico» ideal para reabrir la clínica europea: no tiene pasado colonial en la zona, practica la escucha activa y, habiendo sufrido el terrorismo en sus propias carnes durante décadas, entiende el dolor del paciente como nadie.
El acto concluyó con un dinámico turno de preguntas en el que se abordó de lleno la inestabilidad en el Sáhara Occidental, la influencia marroquí y el impacto del crimen organizado en la seguridad regional. La conclusión colectiva fue unánime: Europa no empieza ni acaba en los Pirineos, y España debe liderar, de manera pragmática y urgente, el retorno de la Unión Europea al Sahel para garantizar la estabilidad de ambos continentes.


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