El frágil equilibrio del acuerdo entre Estados Unidos e Irán

Guillermo Hergueta – Colaborador del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo

Tras el inicio de la guerra el 28 de febrero de 2026 iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, la guerra se ha caracterizado por su alta intensidad y volatilidad enmarcadas habitualmente en Oriente Medio, pero no tanto a nivel global con subidas extraordinarias en el precio del petróleo, bloqueos marítimos y un intento de regionalizar el conflicto bélico.

Estados Unidos e Israel tenían como objetivos militares destruir las infraestructuras iraníes y el asedio a Irán mediante el bloqueo a los puertos del país persa. La superioridad militar de Estados Unidos e Israel es evidente, pero no contaron con el factor que marcaría el destino de la guerra: el estrecho de Ormuz.

El estrecho de Ormuz es un estrecho muy estratégico, puesto que navega sobre sus aguas, el 20% del petróleo mundial, dirigido a Asia. Irán se limitó a bloquear el tránsito mercante, elevando de manera muy considerable el precio del petróleo y creando en consecuencia, crisis de abastecimiento en algunos países asiáticos. El desbloqueo militar no es tan sencillo, ya que bajo el fondo marino se esconden minas explosivas y el uso de misiles por parte de Irán.

A modo de presión Irán intentó regionalizar el conflicto disparando su gran arsenal de misiles a las bases norteamericanas, pero también de manera más directa a países de la propia región. Irán consideraba dos posibilidades mediante estos ataques, que la presión de estos países fuese directa sobre Estados Unidos, o en el peor escenario para el régimen, morir matando. Sin embargo, los países afectados, no cayeron en la trampa y se limitaron a defenderse.

Las motivaciones políticas de Estados Unidos e Israel para atacar a Irán fueron estratégicas y electoralistas. Ambos coincidían en que Irán era el único y último escollo que impedía la estabilidad, puesto que los países árabes tampoco apoyaban al régimen Ayatolá. Ya hubo previamente operaciones conjuntas con el bombardeo a sus centrales nucleares.

Con Irán fuera del mapa, Estados Unidos podía proteger sus intereses en Oriente Medio, eliminar una futura amenaza nuclear reforzar la figura de Trump de cara a las elecciones de medio mandato. El gobierno esperaba contar con los kurdos iraníes para allanarle el camino al hijo del Sha, Pahlavi como futuro gobernante. Trump animaba a la oposición popular iraní a seguir protestando en las calles. Necesitaba legitimidad interna de los ciudadanos iranies para intervenir militarmente, y para que ellos mismos fusen actores naturales de la supuesta transición política. No obstante, nada de eso ocurrió.

Por parte de Israel, las tensiones con Irán ya eran muy evidentes con los intercambios de misiles y la Guerra de los Doce Días. La dinámica bélica instalada en Israel a raíz de la Guerra en Gaza creó una cohesión nacional, y con ella la oposición política contra Netanyahu se fue diluyendo. Irán era la guinda del pastel. Con la eliminación del régimen y de su programa nuclear que representa una amenaza real, Netanyahu podría revalidar el mandato, aunque las encuestas dicen lo contrario.

Hay una mayoría social a favor de esta guerra en Israel, pero el tiempo corre. En octubre se celebran elecciones en el país hebreo. Para entonces, Netanyahu tiene que conseguir un resultado político de cara a las urnas. El objetivo inmediato vistas las complicaciones militares en el territorio persa, es acabar con Hezbolá en el Líbano.

Por su parte la Unión Europea, ha rechazado la guerra, por la inestabilidad global que conlleva, y los países europeos, se han negado a colaborar con Estados Unidos impidiendo el uso de sus bases como parte de la infraestructura para sus operaciones militares. Estas negativas han creado un profundo malestar en la administración norteamericana.

En relación con el acuerdo, la UE ha adoptado una postura de alivio, cautela extrema y autonomía legal. Aunque los líderes europeos han celebrado públicamente el fin de los combates, Bruselas mantiene intacto su propio entramado de sanciones y vigila de cerca los términos del acuerdo, pero no retirarán sus sanciones contra Irán.

En el marco de la reciente reunión del G7 en Évian, Von der Leyen lanzó una advertencia clara: la guerra de 2026 ha demostrado que «las dependencias energéticas han vuelto a ser utilizadas como armas» (debido al bloqueo iraní del estrecho tras los bombardeos de febrero). Por ello, la postura estratégica de la UE es acelerar la diversificación de rutas y crear corredores alternativos de exportación para que Europa no vuelva a quedar expuesta al «cuello de botella de Ormuz».

Bajo este contexto, las perspectivas futuras empiezan a aflorar con un principio de acuerdo. Una base sobre la que negociar durante los próximos 60 días. El documento se titula “Memorando de Entendimiento de Islamabad entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán” y consta de 14 puntos en los cuales hay cese de hostilidades militares, desbloqueos marítimos (Ormuz y puertos iraníes), reconstrucción a cuenta de Estados Unidos, el levantamiento de sanciones y fondos congelados por parte de Estados Unidos a Irán, el congelamiento del programa nuclear iraní y la libre comercialización del crudo procedente de Irán

El acuerdo ha creado fricciones entre Estados Unidos e Israel. Irán ha exigido el fin de las operaciones militares en el Líbano como condición ligada a dicho acuerdo. Estados Unidos aceptó, pero Israel quería proseguir su campaña. Israel no forma parte del acuerdo entre Teherán y Washington, por lo cual, no cejará en su empeño hasta acabar con el grupo terrorista libanés (Hezbolá). Sin embargo, para intentar controlar la situación, Estados Unidos ha articulado conversaciones entre Líbano e Israel, que funciona a base de pequeñas concesiones, pero la retirada israelí está descartada.

En definitiva, nos encontramos ante un principio de acuerdo equilibrado en el que todas las partes consiguen provisionalmente sus objetivos: Estados Unidos logra la congelación del programa nuclear, mientras el sistema político actual iraní se mantiene (pese a la muerte del Líder Supremo Jamenei). El gran cabo suelto es la contienda en el Líbano, la cual Irán usará contra Estados Unidos en un proceso aún frágil en búsqueda de la paz.

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