3. Los desafíos de una UE sin Orbán

33º BOLETÍN INFORMATIVO «EUROPA SE MUEVE»  16/04

HUNGRÍA CONFIRMA SU EUROPEÍSMO

Los desafíos de una UE sin Orbán

Madrid, 16 de marzo de 2026

Jorge Solana, Colaborador del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo.

El ascenso de Orban, aunque bastante temprano, ha sido un auténtico preludio de una ola reaccionaria que ha sacudido el continente desde la crisis de 2008. Los partidos de extrema derecha han ido creciendo en los sucesivos comicios nacionales y europeos, y en algunos países como Polonia, República Checa o – brevemente – Países Bajos han llegado al gobierno; mientras que en otros países como Francia o España también tienen posibilidades de acabar formando parte de los ejecutivos nacionales.

Este movimiento reaccionario, a pesar de sus continuas divisiones – en la actualidad se dividen en tres grupos parlamentarios europeos: los conservadores de ECR, los “patriotas” y los soberanistas – ha tenido en Budapest uno de sus principales apoyos ideológicos y financieros. Orban y sus políticas anti-inmigratorias o “antiwoke” han sido reivindicadas por los partidos de extrema derecha de todo el continente, y la entidad de crédito húngara MBH Bank ha copado los titulares de varias cabeceras europeas por financiar partidos afines. 

Por último, Orban también había servido hasta ahora como la referencia política a la otra orilla del Atlántico. Donald Trump se ha deshecho en elogios al dirigente húngaro en varias ocasiones, a la vez que ha despreciado públicamente a otros como Macron o Sánchez, y sus estructuras han apoyado decididamente su continuidad y la expansión de su modelo por Europa, tal y como marca la nueva estrategia de seguridad nacional estadounidense. De hecho, el magnate prometió en la noche del sábado “usar todo el potencial económico de los Estados Unidos para fortalecer la economía húngara, […] si el Primer Ministro Viktor Orban y el pueblo húngaro lo necesitan”. Ahora, que su candidato ha sido derrotado, es difícil esperar que esta promesa vaya a mantenerse con el nuevo gobierno entrante

La UE sin Orban: ¿hacia el desbloqueo?

Con la derrota de Orban, la extrema derecha (y, a la luz de los acontecimientos, Moscú y Washington) pierden su principal baza para bloquear las iniciativas que se debaten en el Consejo Europeo sobre la política exterior de la Unión. Anteriormente también podían contar con Polonia, que de la misma manera volvió a la senda europeísta de la mano del ex primer ministro y Presidente del Consejo Europeo Donald Tusk (quien, por cierto, llamó a Peter Magyar esta semana afirmando que estaba “más contento” que el propio ganador de las elecciones). Una baza que no solo ha servido para dilatar, reducir y en ocasiones impedir la ayuda financiera a Ucrania, sino que el pasado enero bloqueó una declaración conjunta del Consejo Europeo en lo concerniente a Groenlandia, que parecía condenada a una intervención militar estadounidense para hacerse con el control de sus recursos, sus tierras raras y sus rutas por el Ártico. 

Con Orban fuera de la ecuación, las instituciones europeas cuentan ahora con un camino con menos escollos para alcanzar la unidad en aspectos muy relevantes en el actual contexto geopolítico y que requieren de unanimidad entre los Estados miembros: la Política Exterior y de Seguridad Común. Una vía más libre al menos hasta abril del año que viene, cuando tendrán lugar las próximas presidenciales francesas en las que el candidato del antiguo Frente Nacional, Jordan Bardella, parte como favorito en ambas vueltas presidenciales. No obstante, las erráticas decisiones que se realizan desde Washington y la delicada postura de la extrema derecha en un contexto donde los europeos ven amenazado su territorio por los Estados Unidos de Trump y los precios suben por la guerra que parece no tener un fin inmediato en Irán pueden seguir consolidando una tendencia a la baja de estos partidos, que ya ha tenido lugar en otros países como Dinamarca.

Por ello, la derrota de Orban (y, por ende, de Putin y de Trump) en Hungría puede tener una gran relevancia más allá del propio país. Más allá de la vuelta de la política húngara a la senda del Estado de Derecho y los valores democráticos, puede suponer una Europa más unida y con menos ataduras para poder avanzar en una integración en un contexto en el que el paraguas atlántico parece resquebrajarse. 

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