Lucía Fondón, Colaboradora del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo
Las elecciones parlamentarias celebradas en Hungría el 12 de abril de 2026 han supuesto un vuelco político de gran alcance. El partido Tisza logró una victoria contundente que pone fin a los 16 años de hegemonía de Orbán. Con una mayoría cualificada de dos tercios en el Parlamento y una participación cercana al 78%, el resultado refleja no solo un cambio de gobierno, sino también una movilización excepcional en torno al rumbo político y europeo del país.
Este giro electoral se comprende mejor a la luz de los datos del Eurobarómetro de febrero de 2026, que permiten situar a Hungría en perspectiva comparada con el resto de la Unión Europea. En relación con las tres preguntas clave del Eurobarómetro (si la pertenencia a la UE es positiva, si ha sido beneficiosa y el nivel de confianza en las instituciones europeas), Hungría presenta un perfil claramente europeísta, aunque con matices respecto a la media comunitaria.
En primer lugar, en torno al 55-58% de los húngaros consideran que la pertenencia a la UE es algo positivo, una cifra ligeramente inferior a la media de la UE, que se sitúa aproximadamente en el 62-65%. Esta diferencia refleja un europeísmo algo más moderado que en el conjunto europeo, aunque claramente mayoritario. En segundo lugar, cerca del 80-82% de los ciudadanos húngaros consideran que la pertenencia ha sido beneficiosa para el país, un dato muy alineado e incluso ligeramente superior a la media europea, que ronda el 70-72%. Esto muestra claramente que la valoración pragmática de la UE es especialmente alta y confirma lo que ya se señalaba sobre el sentimiento proeuropa en Hungría, al contrario de lo que la prensa española mayoritariamente señala.
Por último, en cuanto a la confianza institucional, el Eurobarómetro muestra una brecha relevante, dado que alrededor del 57% de los húngaros tiende a confiar en la UE, frente a una media europea cercana al 47-49%, mientras que la confianza en el gobierno nacional es sensiblemente inferior. Este diferencial, más acusado que en muchos otros Estados miembros, apunta a una legitimidad europea relativamente sólida frente a una creciente desafección interna.
En este contexto, el resultado electoral puede confirmarse como la prueba de un europeísmo claro y como la expresión política de una ciudadanía que, siendo mayoritariamente proeuropea, demandaba un cambio en la relación con Bruselas y en la gobernanza interna. La victoria de Magyar encarna así la confirmación de lo que ya mencionaba el Eurobarómetro, que Hungría está dentro del bloque europeísta. Demostrando, además, que en Europa “vamos todos a una”.
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