1. Un escollo menos: Hungría dice adiós a Orbán

33º BOLETÍN INFORMATIVO «EUROPA SE MUEVE»  16/04

HUNGRÍA CONFIRMA SU EUROPEÍSMO

Un escollo menos: Hungría dice adiós a Orbán

Madrid, 16 de marzo de 2026

Jorge Solana, Colaborador del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo

En las elecciones del pasado domingo en Hungría, el primer ministro húngaro Viktor Orban se enfrentaba a sus quintas elecciones desde su vuelta al poder en 2010. Su partido, Fidesz, había sido capaz de retener importantes mayorías parlamentarias a lo largo de estos 16 años, con una reforma electoral por medio diseñada expresamente para beneficiar a su partido. Las de este domingo eran las segundas en las que se enfrentaba a una suerte de coalición anti-Orban¸ esta vez lideradas por el Tisza Party y su líder Peter Magyar, un ex miembro del Fidesz que dejó el partido en medio del giro iliberal de este último.

A pesar de que comenzó su andadura política como una voz liberal y firme opositora de la influencia rusa en el país, Orban se ha caracterizado en este segundo mandato (el primero se prolongó entre 1998 y 2002) por emprender una agenda reaccionaria, iliberal y altamente incompatible con la Unión Europea. Sus polémicas leyes de reforma del sistema judicial y de discriminación contra el colectivo LGTBI fueron objeto de polémica y supervisión por parte de la Comisión, llegándose a activar el procedimiento preventivo del art 7.1 del Tratado de la Unión Europea para evitar que no se transgredieran los valores fundamentales del acervo comunitario.

A escala internacional, Orban se ha caracterizado por coquetear con la extrema derecha global, en un péndulo que ha ido desde el presidente ruso Vladimir Putin al mandatario estadounidense Donald Trump. De hecho, en el último mes se han hecho públicas evidencias de que el gobierno húngaro compartía información confidencial de los Consejos Europeos al departamento de exteriores de Moscú. En medio, el gobierno de Orban ha constituido un acicate para la extrema derecha del continente, y han visto en su estrategia contra Bruselas uno de sus mayores puntales de su euroescepticismo

Orban, pues, ha supuesto un verdadero desafío para el proyecto europeo, y a pesar de los mecanismos que se han activado para impedir (o desincentivar) sus planes ha logrado bloquear proyectos fundamentales en Europa. Ahora, en una ultraderecha cuestionada a nivel global con los vaivenes emocionales y políticos de Trump desde Washington, Europa puede vislumbrar un camino como mínimo más sencillo en términos internos

Los desafíos comunitarios

Desde que llegó al poder en 2010, Orban ha sido constantemente el centro de las miradas en Bruselas. Por un lado, algunas de sus reformas, claramente en detrimento de valores democráticos europeos, han provocado las críticas de parlamentarios y de otros líderes europeos, e incluso han llevado a activar procedimientos de los tratados y hasta idear otros nuevos. Por otro, Orban se ha servido de la necesidad de unanimidad en ciertas decisiones del Consejo Europeo y del Consejo, especialmente en lo referente a relaciones exteriores, para bloquear acciones clave de la UE en ámbitos como la guerra en Ucrania o las amenazas sobre Groenlandia

Durante sus 15 años de mandato, el gobierno de Orban ha supuesto una verdadera amenaza para el Estado de Derecho, uno de los valores fundamentales de la Unión- Electo con una “supermayoría” en 2010, utilizó su holgada mayoría parlamentaria para reformar la constitución de acuerdo con sus valores ultraconservadores – limitando el matrimonio igualitario realzando la identidad cristiana del país o reformando el Tribunal Constitucional y el sistema electoral – y reformó el poder judicial para poder controlar ciertas nominaciones y jubilaciones. Además, creó un Consejo de Medios con el que supervisar la emisión de contenidos en los medios de comunicación, y recientemente se ha enfocado en limitar y censurar la actividad de ONG y colectivos minoritarios como el LGTBI, que fuertemente le contestó en la marcha del orgullo en Budapest el año pasado.

Estas reformas no han sido recibidas con silencio desde Europa. Las primeras críticas iniciales se transformaron en la invocación del artículo 7 del Tratado de la Unión Europea, por el que el Consejo puede advertir de un riesgo de vulneración de los valores fundamentales de la Unión e iniciar un proceso de recomendación de medidas y supervisión de las mismas al país del que se trate. Las instituciones europeas activaron la llamada como fase “preventiva” del procedimiento en septiembre de 2018, y en algunos momentos el Parlamento Europeo ha instado al Consejo que active la fase sancionadora, en virtud de la cual se podrían haber suspendido derechos como el de voto en las sesiones del Consejo Europeo a Orban. No obstante, la necesidad de unanimidad en un momento donde el PiS polaco seguía en el poder hizo imposible llevarlo a cabo. En respuesta, en 2020 el Parlamento y el Consejo aprobaron un “mecanismo de condicionalidad”, por el que la Comisión podía suspender la entrega de fondos del presupuesto de la Unión a aquellos países en los que se constataran vulneraciones del Estado de Derecho. Este se aplicó sobre Hungría en 2023, y consiguió que el mandatario húngaro cediera sobre el mantenimiento de la ayuda a Ucrania entre otras medidas. 

Por otro lado, Orban también se ha destacado durante su mandato por oponerse sistemáticamente a muchas políticas comunitarias. De hecho, parte de su capital político lo construyó negándose a las propuestas europeas relativas a la inmigración que se plantearon con la crisis de refugiados sirios que experimentó el flanco oriental de la Unión en 2015; si bien los mecanismos de presión hicieron que el proyecto del Nuevo Pacto Migratorio saliera adelante en 2024. Posteriormente, Orban ha sido fiel a su deriva iliberal y radical (por la que su partido acabaría expulsado del Partido Popular Europeo) y ha mantenido relaciones fluidas con otros puntales de la extrema derecha mundial como Vladimir Putin o Donald Trump. Respecto al primero, desde la agresión a Ucrania no solo ha servido como interlocutor del Kremlin en Bruselas y principal opositor a la ayuda financiera a Ucrania en el seno del Consejo Europeo, sino que su ministro de exteriores se aseguraba de trasladarle a su homólogo ruso deliberaciones secretas concernientes a la guerra de agresión. Respecto al segundo, el propio vicepresidente de los EEUU JD Vance acudió a la campaña electoral llamando a los patriotas húngaros a las urnas, añadiendo un fracaso político más en un mes donde sus negociaciones con Irán in situ también parecen estar naufragando.

 

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