Álvaro Mella, Colaborador del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo.
El acuerdo UE-Mercosur sigue avanzando favorablemente, con varios países que han dado visto bueno al acuerdo, estando cada vez más cerca de su materialización. Esto refuerza la idea de que la UE tiene capacidad para negociar con peso propio, con un acuerdo de importancia enorme.
Cada mes estamos mucho más cerca de la materialización del acuerdo de la UE con Mercosur. Ya falta menos. En los últimos días y semanas, hemos visto cómo los parlamentos de Brasil, Argentina y Uruguay han dado su visto bueno al acuerdo, y a un ritmo mucho más rápido del esperado, haciendo posible que la UE pueda activar de una vez por todas su aplicación momentánea. En el caso de Paraguay, también está cerca de ratificarlo. En declaraciones recientes, la propia presidenta de la Comisión se ha mostrado optimista con los avances realizados, y todo apunta a que hay confianza mutua, y que los procesos se van a ver agilizados. Quizás en mayo ya veamos la aplicación provisional del tratado.
No podemos dejar de insistir en la importancia de este acuerdo para nuestro continente: con el tratado comercial, tendríamos un mercado común de más de 700 millones de personas, y eliminaría más del 90% de los aranceles sobre las exportaciones europeas, lo que permitiría que nuestras industrias se ahorren miles de millones de euros anuales. Las pymes europeas podrán asimismo acceder a nuevos clientes sudamericanos, de muy distintos sectores, sin olvidarnos de los puentes sólidos que quedarían edificados con los Estados sudamericanos que tienen valores compartidos con nosotros en materia de defensa de los principios democráticos y de apertura comercial.
Pese a algunas protestas visibles desde el sector primario, donde hay algunas áreas incómodas por la potencial competencia que creen que podrían sufrir, hemos de subrayar que la UE se ha encargado estas últimas fechas de incorporar salvaguardias vigorosas. Hace un mes que el Parlamento Europeo aprobó reglamentos para blindar nuestro campo ante acrecentamientos bruscos de importaciones perceptibles. Además, los gobiernos estatales han garantizado desde Bruselas que el acuerdo se cumplirá y se pondrá en marcha siempre y cuando se cumplan con los exigentes estándares sanitarios y de respeto al medio ambiente, contemplándose incluso un sistema conjunto para controlar los productos que entren a nuestro mercado, garantizando certidumbre a nuestros productores, y teniendo a su disposición mecanismos de emergencia si fuese menester.
Ahora ya estamos viendo cómo varios científicos y empresarios planifican proyectos con los socios del otro lado del Atlántico, desde energías limpias hasta biotecnología agrícola (ya que ya se han establecido en esta línea grupos de trabajo, proyectos, y se ha empezado a invertir).
La aplicación provisional del acuerdo refuerza la idea de que la UE tiene capacidad para negociar con peso propio, como históricamente ha demostrado. Con este tratado, Europa no solo creará más empleo y crecimiento (que también), sino que permitirá diversificar mercados en una época de tensiones comerciales y aranceles discrecionales e incongruentes impuestos unilateralmente por EE UU. Con los últimos avances, se envía un claro mensaje de apertura y de multilateralismo. Si la UE quiere autonomía estratégica y reducir dependencias, necesita sobre todo diversificar. Solo así logrará una economía plenamente resiliente.
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