Un sólido suelo pro Europa ante las elecciones del próximo mayo Eugenio Nasarre. Vicepresidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo

 

Ya se están calentando los motores a siete meses de las próximas, y cruciales, elecciones al Parlamento Europeo. ¿Cuál es el punto de partida en que nos encontramos? ¿Cuál es el clima que se respira en la sociedad europea? El Parlamento Europeo acaba de dar a conocer un eurobarómetro especial, que nos proporciona algunos datos a tener en cuenta cara a la batalla política que se va a librar en los próximos meses.

La primera conclusión del estudio es que aproximadamente dos tercios de los europeos tienen una actitud positiva hacia la Unión Europea, frente a cerca de un 20 por 100 que manifiestan una actitud hostil hacia la integración europea. En efecto, preguntados qué votarían en un hipotético referéndum sobre la permanencia o salida de su país de la Unión Europea, el 66 por 100 apuestan por la permanencia y el 17 por 100 por la salida. El resto (un 17 por 100) no tienen opinión formada. La diferencia entre los pro y los anti es casi del 50 por 100. Es una distancia abrumadora.

Claro está que estos porcentajes no están igualmente distribuidos entre los diferentes países. España está algo por encima de la media: un 71 por 100 de los españoles votarían por la permanencia en la Unión Europea. En el Reino Unido los partidarios del remain ganan en la encuesta: son un 51 por 100 frente al 35 por 100 que se declaran a favor del brexit. Por cierto, esta cifra corresponde casi matemáticamente al porcentaje de los votos obtenidos por los partidarios del brexit en el referéndum de 2016 en relación con el censo británico, porque debemos no olvidar que en aquel referéndum votaron el 72,2 por 100 de los británicos. Este dato me refuerza la convicción de que no debería ser admisible que una minoría de la población pudiera imponer su criterio en asuntos tan trascendentales como la permanencia o no de un Estado en la Unión Europea. El sabio dictamen del Tribunal Supremo de Canadá debería ser tenido en cuenta a la hora de exigir un quorum -no menos que la mitad de la población- para adoptar una decisión de tan hondo calado.

Entre los grandes Estados de la Unión un caso singular es el de Italia. El estudio revela que el sentimiento pro europeo en la sociedad italiana se ha debilitado peligrosamente. En efecto, un 44 por 100 declaran que votarían a favor de la permanencia de Italia en la Unión Europea. Pero, al mismo tiempo, quienes se manifiestan favorables a la salida son tan sólo un 24 por 100. Un 32 por 100 no tienen opinión formada al respecto. Italia en estos momentos está sumida en la perplejidad, en la incertidumbre. La enfermedad italiana es la de una sociedad desconcertada y sin rumbo, lo que es el mejor pasto para los populismos. Pero no podemos afirmar que las fuerzas euroescépticas, aunque ahora detenten el gobierno de la nación, cuenten con el respaldo de la mayoría de la sociedad italiana, que en la misma encuesta, por ejemplo, se manifiesta mayoritariamente a favor del euro.
La encuesta revela también un amplio respaldo a la acción conjunta europea ante los grandes desafíos que tiene ante sí. Un 68 por 100 de los encuestados responden que prefieren que la Unión Europea actúe unida ante al brexit frente a un 22 por 100 que prefieren que cada Estado actúe por su cuenta. Parecidos porcentajes se producen respecto a las relaciones con Trump y con Putin. Un 71 por 100 responden que prefieren la acción conjunta de la Unión Europea. Y un 48 por 100 se decantan a favor de una Europa con un mayor papel e influencia en el mundo frente a un 27 por 100, cuya opinión es que el papel de la Unión Europea debe ser menor.

Hay, sin embargo, un dato que nos debe mover a la reflexión. Preguntados los encuestados si creen que la Unión Europea “va en la buena dirección” un 50 por 100 responden que no. Lo que pone de manifiesto la existencia de un notable malestar difuso en la sociedad europea. Las secuelas de la crisis, el reto de la inmigración, las incertidumbres que crea una globalización no encauzada, son el origen de este clima de insatisfacción en buena parte de la ciudadanía.

Este punto de partida, que refleja la encuesta, señala las coordenadas de la campaña que va a desarrollarse en los próximos meses. Las corrientes euroescépticas no suman más de una quinta parte de la sociedad europea, aunque en algunos países hayan alcanzado cotas alarmantes. Una amplia mayoría, que supera los dos tercios, apoyan el proyecto de la Europa Unida y confían en la acción conjunta de la misma e incluso en la necesidad de reforzar sus poderes. Pero es evidente que hay síntomas de malestar. Para lograr una consistente mayoría parlamentaria pro Europa, que resulta decisiva para propiciar los avances que ahora necesita el proyecto de integración, los partidos europeístas deben encarar con determinación las causas de tal malestar. La próxima campaña electoral exige un vigoroso combate político.