Próxima estación: Europa federal Miguel Angel Benedicto. Secretario General del CFEME

El tren de la UE recupera la marcha tras haberse gripado la locomotora. Los vagones están unidos y la locomotora avanza hacia adelante mientras el Reino Unido se queda en la vieja estación. Macron y Merkel despiden desde la ventanilla a una May solitaria.

Es UE que resurge tras los embates atenuados del populismo y un año después del anuncio de la salida del Reino Unido. Francia y Alemania quieren que Europa renazca de las cenizas que ha dejado la crisis económica, el reto de los refugiados y los ataques terroristas a varias ciudades europeas. La senda de la recuperación la marcan el crecimiento económico y el empleo que han vuelto tras varios años de malas noticias.

El presidente francés parece dispuesto a liderar esa Europa renacida junto a la canciller alemana que se enfrenta a su reelección el próximo mes de septiembre. Durante la última cumbre europea el buen feeling entre ambos mandatarios ha quedado patente.

Macron quiere reformar Francia pero también quiere una Europa más unida en el ámbito económico y fiscal con un ministro de Finanzas y un presupuesto para la Eurozona. El presidente francés apuesta por una deuda que pueda mancomunarse en el futuro aunque para ello haya que reformar los tratados. El inquilino del Elíseo no está dispuesto a que el euro vuelva a pasar por otra crisis. Merkel, que hasta ahora ha sido reacia a la mayor parte de esas propuestas, no parece a disgusto con ellas. La canciller prefiere ceder con Macron que tener que negociar con una Le Pen en el futuro.

El presidente francés ha vuelto a lanzar su mantra de la Europa que protege. Una idea que cada vez suena más a proteccionismo europeo en la búsqueda del control de las inversiones de países terceros, como China o EEUU, en sectores estratégicos. Irlanda y Holanda, por su apertura al comercio mundial y, España, Portugal y Grecia, necesitadas de inversión extranjera para seguir creciendo; parecen por labor de atenuar esa propuesta francesa, con el fin de que al final sean los Estados miembros los que decidan qué capital entra en el país.

El divorcio de Reino Unido de la Unión Europea y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca han convencido de la necesidad de una política de Defensa Europea. La Unión Europea está dispuesta a esforzarse más para defender a sus ciudadanos.

La falta de cooperación entre los Estados miembros en el ámbito de la defensa y la seguridad nos cuesta anualmente entre 25.000 y 100.000 millones de euros. La mayor parte de las adquisiciones y de la investigación tecnológica se realizan a escala nacional. Las compras comunes ahorrarían el 30% del gasto anual en defensa.
Los retos a los que se enfrenta Europa son complejos. El terrorismo derivado de la guerra civil siria o del Estado fallido en Libia; una Rusia dispuesta a infringir las leyes internacionales en Ucrania; la crisis de los refugiados y migrantes o los ataques cibernéticos son preocupaciones que exigen a los europeos trabajar más unidos que nunca.
Nuestra seguridad depende, muchas veces, de la estabilidad de nuestros vecinos en el Este y el Mediterráneo. Europa debe combinar el poder blando con el duro y para intervenir ha de contar con unas capacidades de defensa adecuadas. Los Estados miembros que así lo deseen avanzarán a un ritmo más rápido para crear una defensa común. La Unión estaría en condiciones de llevar a cabo operaciones de seguridad y defensa de alto nivel, si hubiera mayor integración de los ejércitos de los 27. Sólo 40.000 soldados europeos están operativos frente a los 190.000 militares que puede desplegar Estados Unidos. La mayor parte de los ciudadanos están a favor de esa política común de seguridad y defensa; y Europa tiene que redefinir su estrategia y fijar sus propios intereses.
La UE rezuma optimismo por primera vez en los últimos años. La locomotora vuelve a circular pero las vías están deterioradas. Será necesario un maquinista que pueda tirar de 27 vagones para lograr llegar a la estación de la Unión Económica y Política.