Más y mejor Europa: Hacia una Europa política federal Domenec Ruiz Devesa. Vocal del Buró Ejecutivo de la UEF y de Ejecutiva del CFEME

Escribo estas líneas a propuesta de los amigos y compañeros del Movimiento Europeo, para reflexionar sobre la Europa que va a venir. Y lo primero que se me ha venido a la mente es el título de este artículo, es decir, apuntar a que la Europa del futuro tendrá que ser, más pronto que tarde, una verdadera unión política federal.

¿Y eso qué quiere decir? Pues fundamentalmente dos cosas. Primero, tiene que dotarse más plenamente de algunas competencias típicas de una federación.

Un caso evidente es la política migratoria y de asilo. Disponemos de un mercado único, de una moneda, se han abolido las fronteras interiores. Pero no hay una gestión común de la frontera exterior, ni una agencia europea de asilo que determine la ubicación de los refugiados, ni por supuesto, cuotas europeas de migración legal. La crisis de gestión de los flujos migratorios a partir de 2015, o la falta de respuesta europea adecuada, no deja de representar una oportunidad para poner en común estas políticas. También porque más allá del dilema identitario, sin duda complejo, Europa es un continente que ha entrado en el invierno demográfico, por lo que la inmigración es fenómeno que puede gestionarse en beneficio tanto de los países de origen como los de destino. El Pacto Global de Naciones Unidas es una buena plantilla para establecer canales seguros y ordenados de migración sobre un triángulo multilateral que implique a Europa, África y Oriente Medio.

Del mismo modo, las federaciones tienen una dimensión social. Estados Unidos tiene sistemas federales de jubilación y de asistencia sanitaria para los más pobres y los ancianos, además un seguro de desempleo y de depósitos bancarios comunes. Con la aprobación en Gotemburgo del Pilar Europeo de Derechos Sociales se abre una vía para establecer un salario mínimo europeo o un subsidio para los parados que financie una parte de los sistemas nacionales.

La creación del mercado interior ha puesto en marcha una dinámica que requiere de elementos de esta naturaleza para que no pierda cohesión. No parece compatible un mercado único de trabajo con políticas migratorias nacionales, o un mercado bancario integrado con sistemas de seguro de depósitos cuya fortaleza financiera depende en última instancia de los tesoros de los Estados miembros. Tampoco es razonable que un mercado único no disponga de un mismo impuesto de sociedades.
De ahí la necesidad de añadir nuevas competencias e instituciones, lo que puede resumirse en “más” Europa, aun cuando algunos quieran entrar en el juego semántico de oponerlo, peyorativamente a una “mejor” Europa. Y por supuesto, no cabe ejercer nuevas competencias con un presupuesto de apenas el 1 por ciento del PIB comunitario. Igualmente, esta mayor capacidad financiera requiere de recursos propios, incluyendo tributos y emisión de deuda.

Europa puede ser mejor en su funcionamiento, sin duda, pero de entrada hacen falta más políticas europeas porque los retos como las migraciones, la desigualdad o el cambio climático son transnacionales y no pueden abordarse solamente desde los Estados-nación.

Establecido este punto, es fundamental federalizar plenamente la toma de decisiones, para que sea más eficaz y democrática. El Parlamento Europeo debe co-decidir en todas las materias, y abolirse la unanimidad allí donde persiste, como en la armonización de impuestos o la política exterior. Con estas reformas institucionales, tendríamos una mejor Europa.
En consecuencia, el problema de Europa tiene una solución federal, tanto desde el punto de vista competencial como institucional. Muchos dirán que esto es cierto, pero que es políticamente impracticable. Quizás tengan razón, es muy probable que los Veintisiete sean incapaces de forjar un consenso en torno a la unión política.

En tal caso, habrá que establecer un núcleo federal de vanguardia en la Eurozona, abierto en todo momento al resto, sobre la base de la Declaración de Meseberg y la Declaración Sánchez-Macron, es decir, liderado por el G3 europeo y las instituciones. Un primer paso para operacionalizar esta vía es la creación de un Grupo Spinelli de ministros de asuntos exteriores, que cuente con el respaldo de una mayoría pro-europea en el próximo Parlamento Europeo.

En definitiva, es necesaria una alianza entre los parlamentarios europeístas, la Comisión, y los Estados miembros que, como España, Francia y Alemania están dispuestos a avanzar con determinación hacia una Europa más unida y en consecuencia, fuerte.