Europeísmo y democracia: la creación del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo en el exilio antifranquista Carlos López Gómez

A comienzos del pasado febrero se celebró en el Palacio de Viana de Madrid, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, un acto conmemorativo del septuagésimo aniversario de la institución en París del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo (CFEME). La ocasión es propicia, por tanto, para echar la vista atrás y rememorar algunos hechos y circunstancias que caracterizaron los inicios del CFEME, así como para reflexionar sobre su trascendencia histórica.

Fue, en efecto, los días 7 y 8 de febrero de 1949 cuando, en la sede del Gobierno Vasco en París, en el número 11 de la Avenue Marceau, tuvieron lugar sendas reuniones tras un proceso de contactos y negociaciones que venía siendo impulsado por algunas de las figuras señeras del europeísmo internacional que en mayo de 1948 se habían reunido en el Congreso de La Haya y que en esas fechas procedían a establecer el Movimiento Europeo Internacional. Así, Duncan Sandys, Denis de Rougemont, Józef Retinger, George Rebatett y Dunstan Curtys animaron a Salvador de Madariaga, presidente de la Unión Liberal Internacional y ponente de la sección cultural en el Congreso de La Haya, a que estableciera contactos con otras figuras destacadas del exilio español, sobre un principio de pluralidad política, al efecto de designar una sección española en el naciente Movimiento Europeo.

Las gestiones emprendidas entonces por Madariaga no estuvieron exentas de dificultades. Ministros del gobierno republicano en el exilio, como Fernando Valera o Juan Arroquia, reprochaban a los europeístas no haber contado con una representación oficial de la República en La Haya. Indalecio Prieto, el otro representante español destacado el congreso, descartó implicarse personalmente en el proyecto por sus problemas de salud, y dejó la representación socialista en manos de Trifón Gómez, presidente de la UGT. Finalmente, y pese a su desconfianza inicial hacia la actitud de exiliados nacionalistas vascos, Madariaga delegaría en el lehendakari en el exilio José Antonio Aguirre la convocatoria de una reunión de notables antifranquistas en París el 7 de febrero, en principio para designar a los representantes del exilio español en la reunión del Comité Ejecutivo del Movimiento Europeo.

A la reunión del día 7 acudieron Carlos Pi i Sunyer, Ramón Nogués, Josep Tarradellas y Joan Sauret, de Esquerra Republicana de Catalunya; Fernando Valera y Juan Arroquia, de Unión Republicana; Salvador Quemades, de Izquierda Republicana; José Antonio Aguirre, José María Lasarte y Javier de Landaburu, del Partido Nacionalista Vasco; además de los mencionados Madariaga y Trifón Gómez. Más allá de la cuestión de la designación de los representantes, se abordó la creación de una estructura europeísta permanente que englobara a toda la oposición democrática. Al respecto, se descartó que la participación se hiciera a través de los partidos, optando por la representación individual, y se encargó a José María Lasarte la elaboración de un borrador de bases, que serían discutidas en una nueva reunión al día siguiente.

Así, reunidos de nuevo el día 8 (los mismos participantes excepto Gómez y con la incorporación de Julio Just, de Izquierda Republicana), el proyecto de bases redactado por Lasarte fue discutido y finamente aprobado. En él el CFEME declaraba su objetivo de “coordinar la propaganda y acción federalistas tanto en el interior de España como en el extranjero” y establecía que “es condición indispensable para su admisión que los solicitantes aprueben los principios d respeto a la personalidad humana y del sistema de gobierno fundado en el consentimiento libre de los gobernados y las bases de la Federación Europea expresadas en las resoluciones vigentes del Movimiento Europeo”. Por lo demás, se preveía la creación dentro del CFEME de “grupos representativos de cada pueblo integrante del Estado español”, lo que permitiría el establecimiento en los meses siguientes de un Consejo Catalán y de un Consejo Vasco, a partir de grupos federalistas preexistentes. Madariaga era nombrado provisionalmente presidente del CFEME y se dejaba en manos de Lasarte la secretaría general, con el objetivo de comunicarse con el Movimiento Europeo Internacional, formalizar la asociación y reclutar nuevos miembros.

La decisión del Movimiento Europeo Internacional respecto de la admisión de la sección española se demoraría hasta la reunión del Comité Ejecutivo del mes de mayo. Entre tanto, el CFEME fue tomando forma merced a las gestiones de Lasarte, tratando de asegurar la participación de los socialistas —tras la salida de Trifón Gómez ocupó su lugar Rodolfo Llopis— y buscando también la de los monárquicos. Al fin, en mayo de 1949 el Comité Ejecutivo del Movimiento Europeo aceptó el CFEME como “comité provisional” —condición reservada a las secciones integradas por exiliados de países bajo dictaduras—. Oficialmente el CFEME estaba integrado por los grupos españoles miembros del Movimiento Socialista por la Unión Europea y la Unión Liberal, más el Movimiento Federalista Vasco, el Movimiento Federalista Catalán y la sección vasca de los Nuevos Equipos Internacionales. Junto con la presidencia de Madariaga se designaba como vicepresidentes a Llopis, Just, Pi i Suñer y al nacionalista vasco Manuel de Irujo. Lasarte continuaría en su papel de secretario general hasta su marcha a Venezuela en 1951, cuando sería sustituido por Enric Adroher Gironella, llamado a ser otro referente del europeísmo democrático.

Arrancaba aquí la historia de una entidad llamada a jugar un papel protagónico en la articulación de la acción antifranquista y en la promoción de los ideales europeístas desde el exilio. Su papel como interlocutor ante el Consejo de Europa y otras instituciones europeas le proporcionaría visibilidad y relevancia en la denuncia de la dictadura española. La colaboración con las asociaciones europeístas democráticas surgidas en el interior, especialmente la Asociación Española de Cooperación Europea, sentaría las bases, tras la superación de las reticencias iniciales, para el congreso de Múnich de 1962, el conocido contubernio. Y al fin, tras la transición y su establecimiento en Madrid en 1976, asumiría el propósito de promover el debate sobre política europea en España en el contexto de la adhesión a la CEE, función que sigue desempeñando en nuestros días.

Diversas publicaciones, exposiciones y homenajes han recordado en los últimos años el trabajo del CFEME en la lucha por la democracia y el europeísmo desde el exilio. Transcurridos setenta años desde su fundación, el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo acierta al rememorar sus orígenes para afrontar con decisión los retos del presente.

Carlos López Gómez
Universidad Pontificia Comillas / Universidad Antonio de Nebrija