El Acuerdo de Comercio e Inversiones entre la UE y EEUU, desde el Parlamento Europeo Francisco Millán Mon. Eurodiputado del Partido Popular Europeo.

El Parlamento Europeo aprobará hoy previsiblemente una resolución sobre las negociaciones de un acuerdo comercial y de inversiones entre la Unión Europea y los Estados Unidos, conocido como TTIP.

El acuerdo, de concluirse, estimulará el comercio y la inversión a ambos lados del Atlántico. Con ello se crearán empleos y crecimiento, tan necesarios en unas economías golpeadas por la reciente crisis. Así lo prevén los diversos estudios efectuados sobre su impacto.

Se estima que el crecimiento económico mundial en los próximos años se producirá principalmente fuera de las fronteras europeas. Por ello necesitamos abrir más esos mercados extracomunitarios, entre ellos, un mercado tan grande y con tanta capacidad de consumo como el estadounidense, que está negociando su apertura a nuestros competidores de la región Asia-Pacífico. En España, el sector exterior ha desempeñado un papel fundamental en la salida de la crisis. La agenda reformista del gobierno ha buscado implantar un modelo de crecimiento más equilibrado y sostenible, basado en la competitividad y el acceso a mercados estratégicos como el de Estados Unidos. La conclusión del TTIP sería un paso decisivo en esa dirección.

La trascendencia económica del acuerdo va más allá de su impacto para la Unión Europea y los Estados Unidos. Ambos bloques suponen en la actualidad cerca de la mitad de la economía mundial y los flujos comerciales entre ellos significan un tercio del comercio global. Las reglas comunes y estándares que establecerá el TTIP en distintos sectores comerciales y en otros ámbitos podrán convertirse en normas globales, dado el lugar central que en la economía mundial ocupamos todavía hoy. Las negociaciones del TTIP nos dan la oportunidad de diseñar las normas que regirán los intercambios económicos de la globalización. Pero si ahora desaprovechamos la ocasión, dentro de unos años, con el ascenso de algunas de las llamadas potencias emergentes y su creciente papel en la economía y comercio mundiales, serán esos países los que establezcan esas reglas y estándares conforme a sus valores e intereses.

Por otra parte, el alcance del TTIP supera su importante contenido en materia comercial y de inversiones. Tiene un elevado significado geopolítico. En efecto, reforzaría la relación entre la Unión Europea y los Estados Unidos, precisamente cuando esta nación está prestando una atención creciente a la región Asia-Pacífico y negocia un acuerdo comercial (TPP) que incluye a once países de ese espacio. Frente a esa deriva de Washington hacia el Pacífico, el TTIP serviría para anclar la relación entre los europeos y los estadounidenses.

Es evidente que la vecindad de la UE atraviesa una etapa muy difícil y delicada. En el sur, a los conflictos y situaciones de inestabilidad surgidas tras la Primavera rabe, se suma la amenaza del llamado Estado Islámico y otras formas de terrorismo yihadista. En la vecindad oriental, Rusia, tras la anexión de Crimea y el conflicto con Ucrania, ya no es percibida por la Unión como un socio, sino crecientemente como un antagonista cuyas autoridades parecen guiadas por un revisionismo anacrónico. En un contexto global y regional marcado por graves desafíos, la Unión Europea necesita reforzar sus lazos con su aliado natural, los Estados Unidos. El TTIP sería un instrumento muy útil para ello.

Espero que el Parlamento Europeo, al votar hoy la resolución sobre el TTIP, sea plenamente consciente, como lo es el Grupo Parlamentario Popular, de su gran trascendencia y no plantee obstáculos innecesarios a unas negociaciones muy complejas, iniciadas hace dos años.