Crónica de un curso de verano en El Escorial: El Imperativo de la seguridad y defensa de la Unión Europea

Marcos Casariego Santamaría

Colaborador del CFEME

A una hora de la urbe, de la gran capital de cemento que es Madrid, consumida por el calor de verano, se encuentra el antiguo pueblo de San Lorenzo de El Escorial en lo alto de la Sierra de Guadarrama. Un refugio climático y de pensamiento que reúne a estudiantes y expertos de toda índole, pues durante cuatro semanas se celebran los cursos de verano de la Universidad Complutense. Allí se imparten clases magistrales sobre los más diversos e importantes temas de la actualidad y se desdibujan las líneas entre profesor y alumno entre intercambios de conocimiento y debate. 

El curso está organizado por el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo (CFEME), una institución fundada en 1949, que luchaba en el exilio contra la dictadura franquista, para integrar a España en las profundas transformaciones del europeísmo, instaurar una democracia basada en los derechos humanos y la construcción de una unión civil y política en Europa. Ahora que ese hito se ha conseguido y la Unión Europea es una realidad, se libran múltiples batallas para fortalecer y ampliar el proyecto, cimentando sus bases y protegiéndolo frente a amenazas externas, siempre con el objetivo de crear una federación, una fraternidad estructural total entre europeos. Cuarenta años después de la adhesión de Portugal y España, el CFEME, organización participe desde el inicio en lograrlo, facilita un espacio de diálogo durante tres calurosos días para seguir avanzando. 

En la sala Presidente del hotel Dorma Victoria, a escasos pasos del monumental Monasterio de El Escorial, se desarrollaban las lecciones del curso, 8, 9 y 10 de julio de 2026. La primera jornada, Francisco (Patxi) Aldecoa, presidente y cabeza visible del CFEME, inauguró las clases con gran entusiasmo. Muchas dudas surcaban las mentes de todos los presentes, pero había una única certeza compartida que se vislumbra en el título del curso: ante la inestabilidad mundial, una defensa europea conjunta es imperante. Los distintos ponentes proporcionaban piezas para que cada asistente construyese soluciones a los complejos problemas presentados. Tras la presentación, el diplomático Fernando Martín Valenzuela Marzo y el General de División Carlos Javier Frías Sánchez nos mostraron su extensa experiencia y saber en una introducción perfecta al papel de España y visión general de la defensa europea. Citando a Talleyrand: “La diplomacia sin armas es como la música sin instrumentos”. Claro que ahora con los instrumentos nucleares la sinfonía es tan atronadora que puede ensordecer toda vida en el planeta.

El tema más evidente y comentado era cómo encajar la Organización del Tratado Atlántico Norte en la nueva infraestructura de seguridad europea. El curso además compartía calendario con la Cumbre de Ankara, lo cual era perfecto para analizar juntos las novedades en tiempo real en un momento gravemente convulso por la presidencia anormal de Donald Trump en Estados Unidos: en guerra con Irán, sus ambiciones expansionistas y agresivas pretensiones de control sobre América Latina y especialmente, Groenlandia. 

La mañana del 9 de julio Mercedes Guinea, profesora de Relaciones Internacionales en la Complutense, ponía en marcha la segunda sesión. Erudita en geopolítica, explicó con maestría y precisión la historia y contexto detrás de la necesidad urgente de creación de un sistema de defensa propio. También argumentó como la volatilidad de Trump, sumada a una hostil exigencia de vasallaje, su ambivalencia con la guerra de Ucrania y sus muestras de simpatía hacia Putin, han llevado a una crisis transatlántica. La disuasión se basa en la confianza que proyectes, y está muy mermada por el presidente norteamericano. Su distanciamiento de la OTAN y la imposición a Europa de llegar a una autonomía defensiva nos ha hecho despertar y comenzar a invertir. Él, por otra parte, está consiguiendo que sus máximos aliados históricos pierdan la confianza en su nación. El tiro por la culata. 

A continuación tres ingenieros, antes compañeros en Isdefe (Ingeniería de Sistemas para la Defensa de España, S.A.), se sentaron en la mesa como representantes del sector privado de defensa, moderados por el profesor de Economía Aplicada de la UCM, Antonio Fonfría Mesa. Begoña Rojo Carralero, directora institucional y del programa europeo de GMV, empresa tecnológica española con peso en defensa. Carlos de la Cuesta de Bedoya, director de programas europeos de Telefónica, una empresa de telecomunicaciones que se ha adaptado al nuevo contexto abriendo su oficina de seguridad. José Luis Laso Taylor, director General de Kongsberg Defence & Aerospace España, la empresa noruega por antonomasia de tecnología militar y seguridad. Ellos fueron los protagonistas al explicar la lucrativa y compleja industria de seguridad europea actual. Definían a INDRA como el “campeón nacional”, refiriéndose a que es la mayor empresa española de defensa, pero el mercado es muy amplio, facturando miles de millones de euros, creciendo exponencialmente cada año. Surge la inevitable duda moral de si es correcto participar en una militarización global, ya que los valores pacifistas, se supone, son un pilar inamovible de la UE. Pero las inminentes amenazas, directa en nuestra frontera este en Ucrania e híbridas, con todos tipo de ataques cibernéticos y desinformativos rusos, no conceden tiempo para planteamientos. Lo que sí es claro es que nos hallamos sumidos en un dilema de seguridad del que no solo no podemos escapar, si no que parece debemos abrazar para sobrevivir.

Para cerrar este intenso día, Carlos Echeverría nos hizo mirar al Sur. Capturados por los conflictos al este y oeste del mapa, el continente africano presenta también un gran desafío para la Unión Europea. España, con Ceuta y Melilla, tiene los pies metidos en África, donde la radicalización, la violencia extremista y el terrorismo están en auge, por ejemplo, en el Sahel, donde JNIM, principal filial de Al Qaeda en la región, lucha contra los gobiernos de Mali, Níger y Burkina Faso, sus aliados rusos de Africa Corps y el Estado Islámico. En Sudán, donde se desarrolla una guerra que interesa poco a los medios, se han perpetrado varios genocidios y es ya la más mortífera de la actualidad. La hostilidad entre Marruecos y Argelia, una rivalidad histórica, vuelve a encenderse y las fronteras se arman. Marruecos, por su parte, estrecha lazos con Israel y Estados Unidos, quienes lo apoyan en su ansiada conquista del Sáhara Occidental, conflicto olvidado a conciencia en los últimos tiempos por España y por Europa. 

El último día ya todos los participantes nos conocíamos; habíamos asistido a clases, compartiendo nuestras perspectivas y aprendizajes, vivido aventuras, compartido baños en la piscina del hotel y, en suma, disfrutado de un curso de verano excepcional. La ponencia final prometía, y cumplió con creces. Xavier Vidal-Folch, renombrado periodista, entrevistó a Javier Solana, con tantos cargos, vivencias y responsabilidades a su espaldas que se necesitan muchos veranos para explicar su trayectoria: Ministro de Asuntos Exteriores: 1992-1995, Secretario general de la OTAN, 1995-1999, Alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común, 1999-2000. También Francisco Aldecoa formaba parte de la mesa. La imagen de tres viejos amigos compartiendo anécdotas y conocimiento, con humor y seriedad, según dictara la palabra, quedará para siempre en mi memoria. Otro eje central de todas las conversaciones del curso era por supuesto la invasión rusa a Ucrania. Solana dijo con ímpetu que se trataba de una cuestión vital para la seguridad de Europa, y que Ucrania marcaba la primera línea de defensa, era nuestro gran aliado, y quizás, profesor. En un año donde los ucranianos han alcanzado objetivos inimaginables al inicio de la guerra, poniendo contra la cuerdas a Rusia con estrategia y astucia, valiéndose de la tecnología y también gracias a empresas privadas como Starlink o Palantir, la Unión Europea debe ciertamente erigir su defensa junto a ellos. 

Muchos otros participantes e ideas se han quedado sin hueco en este artículo, pero absolutamente todos aportaron igual a este curso, una oportunidad única para afrontar el futuro con la información necesaria.

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