10. Verhofstadt – Borrell: “Una Unión dentro de la Unión”

35º BOLETÍN INFORMATIVO «EUROPA SE MUEVE»  26/05

CELEBRAMOS LOS AVANCES EUROPEOS

Celebramos los avances europeos

Madrid, 25 de mayo de 2026

Jorge Solana, Colaborador del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo

El día 9 de mayo, con motivo del Día de Europa, el ex primer ministro belga y presidente del Movimiento Europeo Internacional, Guy Verhofstadt, y el exministro español y Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, se reunieron en el Ayuntamiento de Bruselas para debatir sobre el actual estado de la Unión y los retos más acuciantes que tiene por delante. Con la participación del alcalde de la ciudad, Philippe Close, y el alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, la dirección del intercambio de ideas estaba servida con la defensa como idea capital.

Ambos líderes compartieron un diagnóstico claro sobre la situación geopolítica del continente europeo. Con Rusia en el flanco oriental que lleva suponiendo una amenaza tangible sobre suelo europeo desde la invasión de Crimea en 2014, y con EEUU en la otra orilla del atlántico con un interés menguante en el vínculo transatlántico y, especialmente, la expresión financiera del mismo en la OTAN, Europa debe aprender a caminar sola en el escenario internacional. Un aprendizaje que, en palabras de Verhofstadt, refleja bien cómo la Unión Europea puede, al contrario de lo que los patriotas defienden, aumentar la soberanía de los Estados europeos: convertir al cúmulo de pequeños estados del continente en un ente poderoso, soberano y autónomo, capaz de dirigir y asegurar su propia defensa, y pudiendo defender ante el mundo unos valores compartidos. Por ello, defendieron una “Unión Europea de la Defensa” como catalizador de las nuevas necesidades de seguridad de Europa.

Para conseguirlo, propusieron una vía extraordinaria en lo formal, aunque bastante ordinaria en la práctica: una “Unión dentro de la Unión”. Extraordinaria en la medida en que suponía bordear la reforma de los tratados recogida en el artículo 48 del Tratado de la Unión Europea, en la que se requiere unanimidad de los Estados Miembros, que ambos intervinientes reconocieron como imposible en la práctica. No obstante, que no se recoja como vía oficial de reforma no quiere decir que no se haya usado en el pasado. Ejemplos como el Espacio Schengen o el euro son claras muestras de que la voluntad de algunos miembros puede acabar suponiendo reformas más generales en el futuro. Por ello, y aún con una diferencia de “entusiasmos” notable, tanto Verhofstadt como Borrell se abrieron a la opción de que los Estados actualmente favorables a avanzar en clave integradora, que el último elevó a la cifra de 13, cristalizaran su voluntad en un nuevo tratado que eliminara la unanimidad y pusiera en marcha las reformas necesarias en el campo de la defensa, la competencia o la unión de capitales y ahorros. Para Verhofstadt, el éxito de esta vía haría que los otros 14 se fueran adhiriendo sin problemas; para Borrell, más cauto, se limitó a exponer que la integración en estas áreas será algo tangible en los próximos años.

Ya sea dentro o fuera de los tratados, ambos intervinientes dejaron claro que la respuesta más eficaz, más solvente y más soberana no es reducir la Unión, sino aumentarla y reinventarla a la nueva incertidumbre geopolítica. Siguiendo a Schuman, “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”; y un nuevo 9 de mayo más, sus palabras siguen cobrando sentido.

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