4. Crisis en el Ártico: los barcos europeos rompen el hielo en Groenlandia
28º BOLETÍNINFORMATIVO «EUROPA SE MUEVE» 21/01
LA DETERMINACIÓN DE EUROPA A LOS ARANCELES DE LA ADMINISTRACIÓN TRUMP
CRISIS EN EL ÁRTICO: LOS BARCOS EUROPEOS ROMPEN EL HIELO EN GROENLANDIA
Madrid, 21 de enero de 2026
Álvaro Márquez, Colaborador del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo.
La crisis del Ártico ha dejado de ser una amenaza difusa para convertirse en un pulso político de primer orden. Entre ambiciones intervencionistas, respuestas europeas inéditas y una ciudadanía que se moviliza, Groenlandia emerge como algo más que un territorio estratégico: un símbolo. En este nuevo escenario, Europa se mira a sí misma y ensaya una determinación que trasciende la retórica. Lo que está en juego no es solo una isla helada, sino la arquitectura misma del orden internacional.
En la última semana la crisis en el Ártico ha alcanzado una nueva dimensión. Lo que durante los últimos meses parecían amenazas escritas en papel mojado ahora, con la nueva posición adoptada por la Administración Trump y los deseos intervencionistas del magnate estadounidense reflejados en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, así como la intervención en Venezuela para secuestrar al presidente Nicolás Maduro, han llevado a los Estados europeos a tener que tomar cartas en el asunto al sentir Groenlandia como el próximo objetivo estadounidense. Así lo ha querido demostrar Trump y su administración, reflejando sus deseos obsesivos por hacerse con el territorio helado en sus incesantes declaraciones en los medios de comunicación y una preocupante campaña de marketing en las redes sociales. Frente a una presión externa que se muestra sin reparo ni disimulo y unas pretensiones intervencionistas que amenazan el orden del derecho internacional definido en la Carta de las Naciones Unidas, Europa ha comenzado a actuar con una determinación que trasciende la mera retórica.
Este paso adelante en la defensa europea de la soberanía danesa y groenlandesa, que antes se veía reflejado en el texto aprobado en el Parlamento Europeo el pasado 14 de enero, se ha materializado en medidas concretas. La más relevante ha sido el envío de barcos por parte de algunos Estados miembros de la Unión a aguas próximas a Groenlandia. Esta decisión se ha adoptado tras la visita del ministro danés de Relaciones Exteriores a la Casa Blanca y su amargo final, donde la preocupación y la tensión parecen haber aumentado. El despliegue de tropas europeas en Groenlandia forma parte de una misión de la OTAN que manda un mensaje certero a la Administración Trump: el bloque europeo está dispuesto a defender su integridad territorial frente a cualquier amenaza.
A su vez, este mensaje se ve reforzado por las declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, quien evoca el famoso y controvertido artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea al sentenciar que “Groenlandia puede contar con nosotros”, añadiendo “con actos, no solo con palabras”. La referencia a la cláusula de defensa mutua no implica su activación automática, pero establece una posición clara de la Unión Europea: cualquier amenaza contra Groenlandia, Dinamarca y sus conciudadanos es una amenaza para toda la Unión en su conjunto.
Este posicionamiento institucional por parte de la UE y de muchos de sus Estados miembros, dispuestos a defender el territorio groenlandés, ha visto su traslado al conjunto de la población civil. La semana pasada y, especialmente, este último fin de semana, se han manifestado en Groenlandia y Dinamarca miles de personas para rechazar las amenazas intervencionistas del presidente Trump y defender la soberanía del territorio. Las protestas en Nuuk y Copenhague traen a la mesa un asunto que suele olvidarse en las grandes esferas: no se trata de una disputa entre líderes políticos por el control geoestratégico de un territorio, sino de una agresión contra la voluntad de un pueblo que rechaza ser tratado como un objeto y que defiende su derecho a la autodeterminación. Esta crisis, lejos de dividir a la población danesa y groenlandesa, ha supuesto un cambio de rumbo en su relación sociopolítica; tanto las autoridades de Dinamarca como las de Groenlandia han reafirmado su unidad frente a las pretensiones de la Administración Trump, dejando claro que el futuro de su territorio únicamente recae en sus manos y no en intereses ajenos.
Este mismo efecto han tenido las amenazas de Donald Trump en el resto de Europa. Los acontecimientos de la pasada semana han demostrado que la amenaza ha producido el efecto contrario al buscado. Lejos de debilitar la posición europea, ha reforzado la cohesión entre instituciones, Estados y ciudadanía. El envío de barcos europeos, la referencia al artículo 42.7 y las manifestaciones populares forman parte de una misma respuesta: la defensa firme de la soberanía, del derecho internacional y de la autodeterminación de los pueblos frente a cualquier forma de intervencionismo unilateral.
En suma, Groenlandia se ha convertido en un símbolo para la hoja de ruta que debe seguir Europa en el futuro, una que se defina por la defensa de la autonomía estratégica, el federalismo, el multilateralismo y el respeto por el orden basado en el derecho internacional frente a la amenaza de poderosas y peligrosas figuras como la de Trump, que quieren redefinir el orden global en base a sus intereses. Frente a la realpolitik, solo hay una respuesta posible: construir un proyecto político que sea capaz de luchar contra los retos de un panorama internacional cambiante y bajo una enorme tensión.
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