*Groenlandia: el pulso intervencionista de Trump y la respuesta europea

27º BOLETÍN INFORMATIVO «EUROPA SE MUEVE» 13/01

LA RESPUESTA DE LA UNIÓN FRENTE A LA POLÍTICA INTERVENCIONISTA DE TRUMP

GROENLANDIA: EL PULSO INTERVENCIONISTA DE TRUMP Y LA RESPUESTA EUROPEA

Madrid, 13 de enero de 2026

Álvaro Márquez, Colaborador del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo.

La crisis de Groenlandia ha expuesto con crudeza el retorno del intervencionismo unilateral como herramienta de poder en la política internacional. La obsesión de la Administración Trump por anexionar el territorio groenlandés, amparada en argumentos geoestratégicos y en la amenaza rusa y china, ha encendido todas las alarmas en Europa. Frente a un aliado transatlántico cada vez más dispuesto a desafiar el derecho internacional, la Unión Europea se ve obligada a responder con firmeza para defender la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y el orden multilateral construido sobre la Carta de las Naciones Unidas. Groenlandia se convierte así en el escenario helado de un choque profundo entre dos concepciones opuestas del orden global.

“Groenlandia pertenece a su gente. Es de Dinamarca y Groenlandia, y solamente de ellos, la decisión”, así proclamaban los líderes europeos en representación de Francia, Alemania, Italia, Polonia, España, Reino Unido y Dinamarca en la declaración conjunta firmada el 6 de enero ante la crisis en Groenlandia. En un momento donde la realpolitik ha vuelto a ser el camino más tomado por las grandes potencias y la tensión de la intervención exterior ha regresado a la política internacional, estas palabras de los grandes líderes europeos reflejan la grave realidad de la actualidad europea y su difícil relación con su histórico aliado transatlántico. 

A pesar de que las actuaciones de Trump durante su primer mandato no siempre fueron del agrado de los miembros de la Unión, desde inicios de esta segunda Administración Trump, parece que los estadounidenses han querido tensar la cuerda progresivamente con nosotros los europeos para ver hasta dónde estamos dispuestos a llegar. La última de las locuras del presidente Trump es su obsesivo deseo de anexionar Groenlandia a los Estados Unidos por su interés geoestratégico, en palabras suyas, “por las buenas o por las malas”. Este deseo ya estuvo presente en su primer mandato con algún intento de adquirir el territorio groenlandés a golpe de talón, pero la negativa danesa por aquel entonces lo consiguieron frenar. Pero la situación ha cambiado, ya desde 2025 el presidente Trump se mostraba más insistente con la cuestión de Groenlandia y, a finales del año pasado, con la aprobación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, el contexto cambió significativamente. Con su nueva política, Trump ya no quería “comprar” Groenlandia, sino hacerse con ella. Tras la actuación estadounidense en Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, la preocupación europea ha incrementado notoriamente; las amenazas del presidente estadounidense ya no parecen ser solo papel mojado, sino un grave peligro para los europeos, donde a nuestro aliado atlántico ya no le parece molestar violar el derecho internacional. 

El territorio groenlandés está situado en un posible futuro foco de conflicto internacional, el Ártico, de enorme interés geoestratégico para las potencias internacionales por el control de las rutas marítimas del Norte y los recursos naturales escondidos debajo del hielo. Estos aspectos siempre han llamado la atención al presidente Trump y en un momento de creciente tensión internacional, el control del Ártico es clave para los Estados Unidos como una forma de proyección de poder frente a China y Rusia. Este punto es bajo el que el magnate estadounidense ha centrado su discurso político, uno enfocado en la amenaza rusa y china y la capacidad de los Estados Unidos de otorgarle seguridad y estabilidad a Groenlandia y su población. En realidad, este interés por el territorio, se suma a la ya mencionada Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, que tiene por objetivo el incrementar la presencia y el control estadounidense alrededor del globo y que da explicación a las últimas políticas de la acción exterior estadounidense como la intervención en Venezuela. 

Estas actuaciones son enormemente peligrosas, no solo para los europeos, sino para todo el orden internacional construido a partir de la Carta de las Naciones Unidas. Trump y su política intervencionista pretende cuestionar el derecho internacional y normalizar el uso de la fuerza dentro del discurso político internacional. Así, la hegemonía deja de justificarse en base al ordenamiento jurídico y pasa a exhibirse como voluntad de poder de aquellos que lo ostentan. 

Este giro estadounidense que ha llevado a cabo la Administración Trump ha generado la confrontación y división dentro de los Estados Unidos y sus instituciones políticas. En el debate institucional, las pretensiones de Trump con Groenlandia y la intervención en Venezuela han incrementado la preocupación dentro del Congreso y ha generado inconformidad hasta dentro de los republicanos. Tal es la situación, que han promovido iniciativas legislativas para limitar la capacidad del presidente Trump para usar la fuerza en la acción exterior, como la votación aprobada el pasado jueves en el Senado. Estos movimientos tratan promover la vía diplomática entre los estadounidenses y daneses para llegar a una solución pacífica entre ambas partes. El presidente estadounidense ha invalidado estas actuaciones y el viernes advirtió a sus diputados y al resto del mundo que “vamos a hacer algo con Groenlandia, ya sea por las buenas o por las malas” y que no permitirá “que Rusia o China ocupen Groenlandia”. Así, la cuestión con el territorio groenlandés no solo muestra una amenaza al derecho internacional, sino incluso para el derecho constitucional estadounidense. 

“El Parlamento Europeo se mantiene firmemente en apoyo del multilateralismo y del orden internacional basado en normas. Cualquier intento de socavar la soberanía y la integridad territorial de Dinamarca y Groenlandia vulnera el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas”, así comienza la declaración de la Conferencia de Presidentes del Parlamento Europeo y que pretende aprobarse en el Parlamento Europeo este próximo miércoles 14 y que representa la postura conjunta de la Unión frente a la amenaza agresora de la Administración Trump. La Unión Europea mediante esta declaración y la firmada por los 7 países mencionados anteriormente, pretende defender la soberanía y la integridad territorial de Dinamarca sobre Groenlandia, así como el derecho del pueblo groenlandés a decidir sobre su futuro. A esta postura se le suma el esfuerzo de los presidentes europeos que con sus declaraciones rechazan las pretensiones intervencionistas de Trump y muestran todo su apoyo a Dinamarca y el pueblo groenlandés. Durante las próximas semanas, las potencias europeas buscarán medidas para dar respuesta a las actuaciones de Trump, como la contemplación de varios países europeos miembros de la OTAN de desplegar soldados en Groenlandia para proteger el territorio de las supuestas amenazas chinas y rusas, medida que ha sido bien recibida por la primer ministra danesa. 

Por su parte, Dinamarca ha mostrado desde el inicio de la amenaza su rechazo frontal hacia las pretensiones intervencionistas de Trump. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha defendido la soberanía de su Estado sobre Groenlandia y ha advertido al presidente estadounidense que cualquier actuación tendrá graves consecuencias al atacar a otro miembro de la OTAN, deteniendo no solo a la OTAN, sino a la seguridad que esta estableció desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Este mismo firme rechazo hacia la intervención estadounidense lo mantiene el gobierno autónomo de Groenlandia, cuyas partidos políticos defienden que no quieren ser americanos, ni daneses, quieren ser groenlandeses, reafirmando la autodeterminación de su territorio en medio de la crisis. 

En suma, la crisis de Groenlandia ha revelado con nitidez el choque entre las dos concepciones opuestas del orden internacional: la del intervencionismo unilateral de Trump, basado en la fuerza y el interés estratégico; y la europea que defiende el multilateralismo y el derecho internacional junto a la soberanía territorial y el derecho de autodeterminación de los pueblos. Frente a la amenaza de la Administración Trump, el futuro de Groenlandia depende de la actuación de la Unión Europea que debe mostrarse firme y con gran compromiso con el orden internacional amparado en la Carta de las Naciones Unidas. 

Nos encontramos en un momento decisivo, donde la incertidumbre sobre el futuro del orden internacional está a flor de piel y desde el deber de la Unión por mantenerlo no podemos olvidar las palabras del Secretario General de las Naciones Unidas: “El respeto al derecho internacional no es una opción: es el fundamento mismo de la paz entre las naciones”

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