«Jornadas de sensibilización sobre ciudadanía europea, convivencia civil e interculturalidad»

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Un resumen de las Jornadas sobre ciudadanía europea organizadas por la fundación CIVES en Cáceres el 3 y 4 de junio.

El Movimiento Europeo, en la persona de su presidente el Sr. Carlos Mª Brú Purón, estuvo presente en las “Jornadas de sensibilización sobre ciudadanía europea, convivencia civil e interculturalidad” organizadas por la fundación CIVES en Cáceres el 3 y 4 de junio.

El Sr. Brú moderó una mesa redonda sobre el tema “Derechos de ciudadanía en una Europa multicultural”. Asistimos a varias presentaciones, entre ellas unas sobre los retos de la convivencia civil europea en un contexto de interculturalidad o el modelo social, en el objetivo de ver en qué contexto se tiene que considerar hoy en día la ciudadanía europea.

Recientemente pudimos notar en varios Estados miembros un aumento del sentimiento nacional, que muy a menudo se tradujo por políticas proteccionistas y de seguridad. Eso tiene lugar en parte por culpa de la crisis, que es un terreno idóneo y un abono para las ideas xenófobas y el aliento del nacionalismo. Hay varios ejemplos de ese distanciamiento con nuestros convecinos en Europa actualmente. Podríamos evocar las políticas en contra de los Romanos en Francia, Hungría, Italia, Bulgaria o Rumanía; la recién crisis entre Francia e Italia frente a la inmigración procedente de los países magrebíes o la decisión de Dinamarca de cerrar su fronteras.

Junto con las consecuencias económicas y sociales de la crisis, esos elementos provocan un aumento de la visión negativa de Europa. La crisis y las políticas que derivan de ella afectan a la ciudadanía y a la percepción que se tiene de ella. Los ciudadanos sienten impotencia y frustración ante la supuesta incapacidad de la UE de resolver los problemas derivados de la crisis que les afectan directamente. Podríamos destacar el desempleo o las tensiones en la zona Schengen entre los ejemplos enumerados por el Sr. López Garrido (Secretario de Estado para la UE). Se piden soluciones a la UE, que muy a menudo tiene pocos recursos en los ámbitos concernidos.

La crisis y la inmigración, que han sido los temas más destacados, tienen el potencial de cambiar la percepción de la identidad europea por sus consecuencias sociales :

La crisis pone aún más en peligro el modelo social europeo, que ya había empezado en deshilacharse. La intervención del Sr. Zufiaur (Consejero del Comité Económico y Social Europeo) nos dio a ver que, si más bien no existe un único social europeo (dentro del modelo global existen 3 tipos de modelos por Europa), sí que compartimos rasgos comunes, como :

  • Un patrimonio social europeo.
  • La valoración del papel de regulación del Estado que así puede domesticar el mercado.
  • Una tradición de alto gasto público en la protección social (Europa invierte en este ámbito aproximadamente un 27% de su PIB).
  • Un aserto comunitario y valores comunes como la solidaridad.

La crisis pone en peligro ese modelo, con sus consecuencias económicas y sociales que obligaron los Estados a decidir de ajustes y recortes que afectan mucho a la ciudadanía. En esa situación, se pide a la Unión Europea que actúe pero, en el campo social, no tiene verdaderas competencias. Aunque tiene capacidad regulatoria, los Estados miembros tienen más recursos y sobre todo gozan de legitimidad para actuar en este ámbito. Entonces, si se quiere que la UE nos salga de la crisis, es imprescindible dar un salto político y crear una gobernanza económica, transfiriéndole más soberanía.

La inmigración es otro gran reto para la redefinición de la ciudadanía europea. En efecto, Europa se ha convertido hace poco en una tierra de acogida de inmigrantes, que traen consigo sus culturas, sus religiones, sus tradiciones… Por consiguiente, como lo subrayó el Sr. Tamayo (filósofo y teólogo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III), conoce un cambio de paradigma : las sociedades europeas pasan de ser unitarias a pluralistas.

Esa aportación, positiva, complica la convivencia cívica ya que la inmigración afecta el núcleo de nuestras identidades, y que la percepción de la identidad no ha cambiado tan rápidamente como la estructura social.

En esa situación es necesario conseguir la articulación de la inmigración con la universalidad de los Derechos Humanos y de la ciudadanía. En efecto, como nos lo recordó el Sr. Brú, en un contexto de interculturalidad, la identidad no tiene que ser excluyente.

Frente a estos cambios, tenemos que elaborar una nueva concepción de la ciudadanía con igualdad de derechos. No son suficientes las políticas de discriminación positivas en este ámbito. Esa contemplación de la nueva estructura social plural, tiene que pasar por :

  • La promoción de la interculturalidad, como proyecto común de construcción de una base de principios y valores compartidos. Para conseguirlo es necesario trabajar sobre las percepciones europeas así como promover un trabajo de comprensión de las otras culturas mediante herramientas como los idiomas o la movilidad. Actualmente, las sociedades se inscriben en una lógica excluyente, pero para cambiar esa situación, hay que fomentar el diálogo intercultural con acciones de promoción de la diversidad y de lucha contra los prejuicios.
  • La promoción de una visión inclusiva. En ese ámbito, la escuela como institución integradora y comunidad de aprendizaje es la más adecuada para permitir un cambio de las percepciones europeas. Es posible si, aunque por culpa de las barreras a la interculturalidad (idioma, niveles educativos diferentes…) sea difícil establecerlo, se consigue crear un marco de igualdad en esa institución. Hay entonces que transformar el sistema educativo en agente de integración y de valoración de la diversidad, intentando evitar reproducir su vocación de homogeneización social a sentido único.

Pero ese proyecto social no tiene que reducirse a la escuela, sino que concierne a todo el mundo : la interculturalidad es un proyecto ético y político. El moderador, el Sr. Brú; defendió el término “mestizaje” no reducible a lo meramente étnico.

La UE también tiene un papel en la promoción de la ciudadanía europea y va cambiando de enfoque. En su creación, se pensó desde el punto de vista de una lógica “top-down”, pero desde la creación de la ciudadanía europea en 1992 con el Tratado de Maastricht, se introdujo elementos de lógica “bottom-up” con la creación por el Tratado de Lisboa de la Iniciativa ciudadana europea (ICE), en un paso más hacia más democracia participativa. También cabe subrayar que el Trato de Lisboa da un carácter vinculante a la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Esas iniciativas son muy importantes para la definición de la ciudadanía europea, dándole más posibilidad de influir en las políticas europeas. Es un paso adelante muy importante como lo subrayó el Sr. Brú, exponiendo que el Movimiento Europeo Español quería desarrollar a su máximo grado la iniciativa ciudadana, centrándose sobre todo en el campo económico y social. Anunció que para abril de 2012, de entrada en vigor de la ICE, el CFEME organizará una de ellas, y pidió la colaboración de CIVES, Liga de Educación y otras organizaciones deprovistas de lucro (ODL’s) al efecto.

La creación de esa herramienta puede implicar a más ciudadanos en la construcción europea, y ayudar a la emergencia de una ciudadanía europea plural y activa. La intervención de los ciudadanos es imprescindible para que puedan definir su propia ciudadanía europea y así evitar que se les sea impuesta, como lo notó el Sr. Neto (presidente de la Liga extremeña de la educación). Además, hay que cambiar la percepción actual de la UE como una entidad de agresión y recortes a los derechos de los ciudadanos, como lo pidió el Sr. Carnero (Embajador en Misión Especial para proyectos en el marco de la UE), ya que no es su objetivo ni su naturaleza.

Frente a las consecuencias de la crisis, cualquieras sean, la ciudadanía es una de las respuestas, de las soluciones que se tienen que aplicar.