El empuje europeo en el G-20 Yvette Ordoñez. Autora del libro El G-20 en la era Trump

l 30 de noviembre y 1º de diciembre de 2018 se celebró la treceava cumbre del G-20 en Buenos Aires. Pese a las tensiones políticas internacionales de los últimos tiempos, todos los miembros del G-20, España en calidad de invitado permanente, además de Jamaica, Chile y Países Bajos asistieron a la reunión. Todos sin excepción, incluido el príncipe Bin Salmán de Arabia Saudí, cuya presencia estuvo rodeada de expectación debido al caso del asesinato en Estambul del periodista saudí Jamal Khashoggi.

Como viene siendo habitual, los líderes representantes de dos tercios de la población del planeta, 85% del PIB mundial y 80% del comercio global intentaron buscar consensos. Argentina ostentó la presidencia del G-20 en 2018, poniendo sobre la mesa una agenda centrada en la sostenibilidad tanto en el área del trabajo, como en la infraestructura para el desarrollo y la alimentación. Además de la agenda económico- financiera que viene trabajando el G-20 desde 2008, las áreas propuestas por el país anfitrión se recogen en la Declaración de Líderes firmada en Buenos Aires, donde destacan el lanzamiento de nuevas líneas coordinadoras como “Opciones de Políticas para el Futuro del Trabajo”, una “Hoja de Ruta hacia la Infraestructura para la preparación de Proyectos” o un “Repositorio de Políticas Digitales del G-20 para compartir y promover la adopción de modelos de negocios innovadores en la economía digital”. También se reafirmó la importancia de la Seguridad Alimentaria, subrayándose la sostenibilidad de los suelos como deseaba Argentina Desafortunadamente, en la Declaración no figuran medidas específicas para evitar la erosión de tierras agrícolas a nivel mundial, una temática ampliamente defendida por los argentinos. Según estimaciones expuestas por la presidencia, la erosión es un fenómeno que hace perder 10 millones de hectáreas de cultivos por año.

Sin lugar a dudas, los lineamientos y consensos alcanzados en la cumbre son propositivos. En un mundo interconectado, la digitalización está estrechamente ligada a la economía, al trabajo, al comercio, al desarrollo e incluso al futuro alimentario. Mientras los miembros del G-20 buscan fórmulas negociadoras que desemboquen en grandes coordinaciones globales, la Unión Europea destaca entre los miembros del grupo debido a la experiencia de la que goza como organización política supranacional. Una experiencia que se ha visto reflejada a través del empuje visionario que pretende inyectar Europa en el G-20. Para la Unión Europea, una globalización justa pasa por el desarrollo de lineamientos, de reglas que hagan posible una mejor gestión global.

El Presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker y el del Consejo Europeo Donald Tusk concretaron ocho puntos que defendería la UE en la cumbre de Buenos Aires. Cada uno de esos puntos (la importancia de mantener el G-20 como foro global, el comercio, el clima, la agenda 2030, el futuro del trabajo, el sistema financiero, el terrorismo y la migración) aparecen en la Declaración de Líderes del G-20 firmada por los mandatarios, aunque frecuentemente de forma menos ambiciosa o con matices. No obstante, el liderazgo europeo ha sido palpable en todo momento, durante el proceso como en la negociación final.

Concretamente, en marzo de 2018 Francia y Alemania pidieron formalmente al G-20 que estudiase el fenómeno de las cripto-divisas en el marco del sistema financiero internacional para evitar riesgos. Peticiones que fueron escuchadas y analizadas por los respectivos Ministros de Finanzas del G-20 así como por el Consejo de Estabilidad Financiera quien mantiene una supervisón específica sobre dicho fenómeno. Sin embargo, el impulso europeo va más allá, mostrando coherencia y visión a largo plazo. Los europeos han logrado en Buenos Aires reafirmar el compromiso sobre el clima del Acuerdo de París por parte de todos los miembros del G-20, excepto Estados Unidos quien se ha desmarcado del Acuerdo, declarando que utilizarán “todas las fuentes de energía y las tecnologías relacionadas, protegiendo el medio ambiente”. Esta retirada visibiliza las diferencias de fondo entre estadounidenses y el resto del G-20, distintas visiones sobre cómo gestionar los diversos desafíos que plantea la globalización.

Asimismo, los europeos han pedido desde hace varios meses que se modernice la OMC tanto en su sistema de negociación, como de monitoreo y de sus funciones. Un tema crucial para la economía global que se debatió en el G-20 y se menciona brevemente en la Declaración, acordando una futura reforma necesaria y un seguimiento. Las políticas norteamericanas proteccionistas ejercidas por la Administración Trump hacia China y Europa en 2018 han constituido, sin duda, un impulso mayúsculo para acelerar la revigorización de dicha institución. Por otro lado, otra temática impulsada por los europeos ha sido la referente a los refugiados y a la migración, donde España ha propuesto abordar ese fenómeno como una problemática internacional ávida de respuestas conjuntas. En esta línea, la Unión Europea muestra coherencia política al impulsar plenamente la iniciativa lanzada por el G-20 en 2017 llamada “Compact with África” a través de la cual se impulsa una red que permita el desarrollo de los países de la mano del sector privado, instituciones internacionales y el G-20. Un tema que interesa especialmente a los europeos por su cercanía geográfica y que está mostrando coordinación en el seno de los países europeos, quienes comparten esa nueva visión de Europa hacia el continente vecino. Todas estas temáticas unen más que nunca a los europeos quienes acuerdan previamente posturas de cara al G-20. El Brexit no ha sido un impedimento para que el Reino Unido siga alineándose a los intereses europeos.

No se debe olvidar que fue la Unión Europea la que motivó en 2008 el lanzamiento del G-20 de la mano de EE.UU. en un momento donde los mercados globales reclamaban regulación. La Unión Europea destaca en el mundo por sus políticas vanguardistas y coordinadoras capaces de llevar por el mismo sendero a un conjunto de países. Las próximas elecciones al Parlamento Europeo en mayo 2019 visibilizan, una vez más, la línea democrática supranacional que caracteriza al experimento europeo, un experimento que puede aportar mucho a nuevos organismos de vocación global como el G-20.