Seminario Internacional « La Transición española en el contexto europeo : nuevos enfoques de investigación »

El 12 de mayo tuvo lugar en la Universidad Complutense de Madrid un seminario cuyo objeto fue de analizar las relaciones España-Europa durante el periodo de la Transición.

El 12 de mayo, la Comisión Española de Historia de las Relaciones Internacionales (CEHRI), con el apoyo del CFEME y del Grupo de Investigación de Historia de las Relaciones Internacionales de la UCM (GHistRI), convocó este seminario con el objeto de analizar las relaciones España-Europa durante la transición. Coincide con la instalación en la Facultad de Geografía e Historia de la Complutense de la exposición 60 años del Movimiento Europeo en España elaborada por el CFEME, que se podrá visitar en la primera planta del 10 al 20 de mayo.

Las relaciones entre España y la Comunidad Económica Europea (en adelante CEE) han conocido una mejora innegable con la democratización del país en el tiempo de la transición, pero el proceso de integración ha sido largo y difícil.

Si más bien el intento de establecer vínculos con los organismos europeos tiene sus raíces en el periodo franquista, el desarrollo de relaciones efectivas solo pudo conseguirse con la democratización del país. En efecto, no hay que olvidar que había una incompatibilidad de hecho del franquismo con los valores europeos, lo que siempre ha bloqueado sus intentos de aproximarse de la CEE. Es verdad que nunca quiso el franquismo integrar la CEE y que todo lo que podía esperar era sacar ventajas comerciales. Por eso se pido que se establecieran acuerdos de asociación comercial en la “Carta Castiella” (del nombre del ministro de asuntos exteriores que hizo la demanda) de 1962, carta que quedó sin respuesta por parte de las instituciones comunitarias. Cabe subrayar la ambigüedad en la que actuaba entonces el régimen franquista : mientras pedía una asociación comercial con la CEE, adoptaba una política de represión en contra del europeísmo español simbolizado por el centenar de participantes españoles que acudieron a la reunión del 4º Congreso del Movimiento Europeo en Múnich, peyorativamente denominado el “Contubernio de Múnich”. Eso tuvo lugar en el mismo año 1962, dando a ver a la CEE la actitud paradójica del régimen, hostil a las asociaciones europeístas.

Finalmente se iniciaron las negociaciones en 1967, y desembocaron en la firma de un “acuerdo preferente” (y meramente comercial) entre la CEE y España en 1970 en el que ambas partes se concedieron varias preferencias fiscales.

La hostilidad del franquismo hacia la CEE no se reflejaba en la sociedad civil, dando a ver otra vez la diferencia que existe entre el pensamiento del régimen oficial y el del pueblo, que no siempre comparten la misma visión. En España existía un verdadero afán europeísta, debido al simbolismo que adornaba a la construcción europea, identificándola a la democracia.

Durante el franquismo, ese europeísmo era en mayoría clandestino y emanaba principalmente del Movimiento Europeo (creado en 1949 en Paris, formado por exiliados) y la Asociación Española para la Cooperación Europea(creada en 1954, pretendidamente cultural, que escondía de facto figuras clandestinas opuestas al régimen franquista). Durante la transición sin embargo, el europeísmo se identificó con la democratización, convirtiéndose en un fenómeno transversal en la sociedad, que contaba con el apoyo unánime de los partidos políticos y de un 65-75% de aprobación favorable en la sociedad. Tal apoyo se explica por la vinculación que se hace entre el europeísmo y la democratización, dándole un significado simbólico a la entrada en las instituciones comunitarias.

Pero para la CEE, integrar España no tenía la misma significación, por eso fue el proceso preliminar tan largo y difícil. Consta subrayar que en los años setenta y ochenta, tanto España como la CEE estaban implicadas en procesos de transición, la una hacia la democracia, la otra hacia la puesta en marcha del mercado común. Así, la Acta Única Europea forma la base de una Europa que se construye con las perspectivas de establecer la plena y entera libertad de circulación en la zona y pasar de un sistema de coordinación política a un régimen más democrático con la introducción de la mayoría cualificada en los procesos de decisión.
Entonces, la CEE consideraba la integración de España como un paso más en la construcción del proyecto europeo, y vacilaba entre el eternal debate de si había que ampliarse lo más rápidamente posible o esperar que la CEE sea lo suficientemente fuerte como para asimilar nuevas entradas, basándose en consideraciones mas técnicas. La oposición del presidente francés V.Giscard d’Estaing en 1980 a la integración de España fue una de las razones por la que tanto tardaron las negociaciones, dado el temor que tenía Francia de la agricultura española.

Se iniciaron las negociaciones de adhesión en 1979 pero hubo un cambio de estrategia en 1981. Viendo las dificultades, la delegación española propuso participar en las reformas europeas, mientras dentro de la CEE se iniciaron procesos de negociaciones multilaterales para facilitar el diálogo. Los cambios de gobierno en Francia, España y Alemania dieron el impulso final, junto con la resolución del PSOE de darse tres años para finalizar la entrada de España en la CEE (alegando que si no lo consiguiera, retiraría la demanda). Ese conjunto de cambios pueden interpretarse como una forma de presión sobre la CEE, y se consiguió cerrar el proceso en 1986.

Dado el recorrido difícil de la adhesión y la incompatibilidad con el régimen franquista, no parece extraño que España haya desarrollado estrategias paralelas para acercarse de las organizaciones europeas, tales como la OTAN, la Unión Europea Occidental (UEO) y la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE).
Participó España en la primera reunión de la CSCE en Helsinki en 1973-75 bajo el régimen franquista, y recibió la cumbre de 1980-83 en el que por primera vez integró el “club” democrático de las potencias de Europa Occidental. En paralelo, en 1982 entró en la OTAN a pesar de la oposición popular. Posteriormente en 1986 se confirmó por referéndum su implicación en la OTAN, y la integración a la UEO tuvo lugar en 1988.
Esos acontecimientos sirvieron para que España se integrase progresivamente en las organizaciones europeas, preparando su adhesión a la CEE.

Carlos Brú, figura histórica del europeísmo español y presidente del CFEME, inauguró esa conferencia. Después de recordarnos la historia de las relaciones España-Europa, se centró en los desafíos actuales a los que la Unión Europea (UE) tiene que dar una respuesta convincente. Hoy en día, a Europa le falta constituirse a través de un texto fundamental que le dé un carácter más democrático. Ha saludado la creación de la iniciativa ciudadana, que introduce democracia participativa en la toma de decisión al nivel europeo. Ha afirmado también, teniendo en cuenta la actualidad acerca de la reforma de los Acuerdos de Schengen, que hay que ser vigilante para que no se destruya la UE ni se detenga por falta de solidaridad. En ese sentido, ha declarado que el Movimiento Europeo encabezará unas propuestas de iniciativas ciudadanas para ir siguiendo adelante en la construcción de Europa.