La VIII Legislatura (2014-2019). El “Gran Paso” hacia una Unión Europea de ciudadanos y estados Francisco Aldecoa. Vicepresidente del CFEME

La VIII Legislatura nace  como resultado de  un “paso” importante,  que la diferencia de las otras siete, ya que es la primera vez que el nombramiento del Presidente de la Comisión Europea y la Comisión es consecuencia de las Elecciones al Parlamento Europeo del 23-25 de mayo  y de la votación en el mismo el 15 de julio (designación del Presidente)  y 22 de octubre (Aprobación definitiva del Conjunto de la Comisión)  por una amplia mayoría de casi el 60% del Parlamento Europeo, tal y como el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo venía reivindicando y que recogía con nitidez el Manifiesto de los tres ex presidentes españoles del Parlamento Europeo, que nosotros hicimos nuestro, titulado “Por unas elecciones para votar un verdadero gobierno europeo”.

El “Segundo Paso” se empieza a dar hace unos días, ya que el 1 de noviembre entró en funcionamiento la nueva Comisión Juncker, que se fundamenta en el programa aprobado por el Parlamento Europeo y titulado “Un nuevo comienzo para Europa”,  cuyo ejes centrales son la reactivación económica, a través especialmente del compromiso de la inversión de 300.000 millones de euros, no sólo en infraestructuras, si no en políticas de estímulos, la recuperación del modelo social europeo, nuestra seña de identidad, y el impulso  hacia una política exterior más activa con objeto de hacer gobernable la globalización y durante los  hearings se va visualizado con claridad ese “Segundo Paso” que consiste en un cambio de rumbo.

El 9 de noviembre celebramos los 25 años de la Caída del Muro de Berlín. Para la construcción europea tiene una especial significación, ya que gracias a las transformaciones  que se originan a partir de esa fecha en Europa y en el mundo, empieza la mutación de una comunidad de naturaleza económica a una unión de naturaleza política, aunque fuera imperfecta e inacabada, que se materializó con el Tratado de Maastrich, creador de la Unión Europea tres años después.

Es importante recordar que la denominación de Unión Europea, con unas características similares, ya había sido propuesta por el Parlamento Europeo ocho años antes (en el Proyecto de Tratado de la Unión Europea liderado por Altiero Spinelli y aprobado por éste por una gran mayoría el 14 de febrero de 1984) aunque rechazado por el Consejo Europeo unos meses después, ya que entendían los gobiernos de los Estados que era un proyecto demasiado audaz y de imposible aplicación. Sin embargo, lo que en el 84 fue imposible de aprobar entrará en vigor 9 años después, en 1993,  incluso con más desarrollos. Esto fue posible gracias a los cambios en Europa y en el mundo de 1989.

Las previsiones del Proyecto de Tratado del 84 han ido incorporándose al derecho originario de la Unión Europea por fases, a través del Acta Única Europea en el 87, como es el Mercado Interior, la propia noción de Unión Europea, Ciudadanía, Unión Económica y Monetaria, Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia, Política Exterior y Seguridad Común… en el Tratado de Maastrich. Asimismo, existen otras incorporaciones en el Tratado de Amsterdam y en el de Niza, y por fin será en el Proyecto de Tratado por el que se establece una Constitución para Europa donde se incorporará la noción de  Unión Europea como Unión de Estados y Ciudadanos, recogiendo los elementos característicos de una Constitución tales como la declaración de derechos, la división de funciones entre los poderes…. El reconocimiento de los símbolos, la bandera, el himno, que son los que acercan Europa al ciudadano.

Sin embargo, el Tratado de Lisboa, denominado por José María Gil Robles “Una Constitución sin nombre”, que rescata los elementos sustanciales del Tratado Constitucional,  al tener que extender un velo para que no se noten los verdaderos avances que contiene dicha Constitución, olvida probablemente lo más importante, que es reconocer a  los  ciudadanos  en el centro del proceso político, así como la asunción por parte de estos. La consecuencia de esta Constitución  sin nombre va a ser, quizás como no podía ser de otra manera, que el ciudadano no es consciente de los grandes avances y se separa del proceso político, de tal manera que una reforma que tenía como objetivo acercar Europa al ciudadano va a conseguir lo contrario, acelerado el proceso también por la desafección que producen los efectos sociales catastróficos de las políticas de austeridad.

Luuk van Middelaar, adjunto al Presidente del Consejo Europeo, German Van Rompuy, en su reciente libro “El paso hacia Europa”, analiza con claridad que es lo que queda pendiente en el proceso de construcción europea. Cómo se pasa de que los estados sean los señores de los Tratados a que sean también  los ciudadanos. Este es precisamente el “Tercer Paso”, el “Gran Paso” que se debe abordar en esta VIII Legislatura: cómo conseguir por un lado colocar al ciudadano en el centro del proceso político, recuperando la lógica del Tratado Constitucional y por otro superar el mecanismo de Reforma de los Tratados a través de la unanimidad.

El Proyecto del Parlamento Europeo  del 84 establecía en el Artículo 82 que para que éste entrara en vigor era necesaria la  ratificación de dos tercios de los estados que representara al menos a la mitad  de la población europea. Una fórmula similar habrá que aplicar en la próxima Convención Europea a celebrar posiblemente en el 2018 (a los 70 años del Congreso de Europa en la Haya, en el que se crea nuestro Movimiento Europeo y se inicia el proceso de construcción europea), que consiste en que los Estados dejen de ser los “señores” únicos de los Tratados, para compartir con los ciudadanos ese poder constituyente.

Me pregunto ¿será posible que los efectos salvajes de la crisis económica 2008-2014 sobre el modelo social europeo tengan un efecto equivalente al que tuvo la Caída del Muro en el 89? ¿Será posible que el modelo del Tratado Constitucional rechazado en el 2005 sea aprobado doce años después, e incluso incorporando el “Gran Paso”, el paso de los Estados a Europa, como ocurrió en 1989, que posibilitará el paso de la Comunidad a la Unión?. Hay un refrán español que dice “si no quieres sopa, toma dos tazas”, que quiere decir que la reforma que necesitamos es todavía más completa que la del Tratado Constitucional, ya que además de reformar el modelo político hay que incorporar la gobernanza económica que se está perfeccionando y blindar el modelo social a través  precisamente del “Gran Paso”.

Esta pregunta se justifica,  ya que el cambio de la sociedad internacional lo condicionaba el reparto de poder en las relaciones internacionales, la geoestrategia. En el 89 era la geoestrategia lo que condicionaba este reparto. Por ello tuvo tanta incidencia la desaparición de bloques estratégicos. En 2014 es la geoeconomía la que manda, es decir, lo que buscan los Estados para hacer frente a la globalización y encontrar su lugar en el mundo es la competitividad económica. A partir de 1989 desaparece el modelo socialista como forma de asignación de recursos a través del plan,  y desde entonces la mayor parte de los Estados de la sociedad internacional van a aceptar el mercado como forma de asignación de recursos. Sin embargo, pronto, se descubrirá que existen  diferentes formas de capitalismo. El modelo europeo apostará por un equilibro entre mercado, sociedad y estado, que es lo que se trata de recuperar con la sociedad del bienestar.

El próximo 28 y 29  de noviembre el Movimiento Europeo celebra su Asamblea anual  en Roma. La propuesta de resolución es muy audaz y contempla la consolidación de este “nuevo comienzo” de reactivación económica y de recuperación del modelo social a través de la incorporación de las reivindicaciones de la  sociedad civil en este proceso constituyente  mediante la convocatoria de la III Convención Europea, en el que se de este “Tercer  Paso”, el “Gran Paso”.  Esto tiene que ser posible, ya que la política es hacer posible lo necesario. Hemos conseguido el “Primer Paso”, un gobierno europeo consecuencia de  las urnas, que no es poco, que consiga el relanzamiento económico y la recuperación del modelo europeo de sociedad, pasando este de los Estados a la Unión Europea. Ahora tenemos que conseguir el “Segundo Paso”, un nuevo comienzo para Europa, ambos son escalones necesarios para dar el tercero, “el Gran Paso”, que será en  la próxima Convención Europea, pero éste no será tampoco el “Paso Definitivo”, ya que Europa, como decía José Ortega y Gasset, “es camino y no posada”.

Desde el CFEME, como parte de la sociedad civil, hemos celebrado la puesta en marcha de esta Comisión Europea, con el respaldo de más de 100 millones de ciudadanos europeos, mucho más que ningún otro gobierno de los estados miembros, ni siquiera los alemanes y franceses juntos. Esa circunstancia nos da la confianza en pensar que será posible este nuevo comienzo, aunque poniendo los ojos en que hay que trabajar para hacer posible lo necesario, que consolide una Unión de ciudadanos y estados, es decir, el “Gran Paso”, antes de que se acabe la VIII Legislatura.