La cooperación global ¿preparada para cumplir sus objetivos? Enrique Guerrero. Vicepresidente del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo

2015 es el Año Europeo del Desarrollo, justo cuando se cumplen 15 de la adopción de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En el año 2000 la comunidad internacional dio un paso valiente,  que se ha demostrado eficaz. A día de hoy, millones de personas han salido de la pobreza, el 90% de los niños y niñas tienen acceso a la educación, la provisión de servicios médicos o sanitarios han avanzado también decisivamente, 2.000 millones de personas han accedido a agua potable y 14.000 niños menos mueren cada día. Un balance positivo, pero aún a distancia de lo que requiere la solidaridad entre los seres humanos. Un paso largo, todavía insuficiente.

Casi mil millones de personas pasan hambre, 69 millones de niños mueren sin cumplir los 5 años y otros tantos no asisten a la escuela. Además, paradójicamente, se ha incrementado la desigualdad a nivel mundial.

El reto para la definición de unos nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible, que tendrá lugar en Septiembre en Nueva York,  se va a centrar en su carácter universal,  en la provisión de los medios financieros para su aplicación, en asegurar la corresponsabilidad de los Estados, tanto los desarrollados como los menos desarrollados, así como de los actores no estatales, en la lucha contra la pobreza y el desarrollo humano sostenible global.

En la segunda mitad de 2015  y principios de 2016  habrá que responder de manera conjunta y eficaz, con otros quince años de acción humanitaria, de  lucha contra la pobreza, la exclusión y el cambio climático, combate al tráfico de seres humanos, erradicación de la evasión fiscal y la corrupción y la evasión fiscal, y, transversalmente, la defensa y protección de los derechos humanos,  trabajo digno, apoyo a la gobernanza e inclusión de la mujer transversalmente en todos los objetivos. De hecho, sin la presencia de la mujer  en esos objetivos no será posible alcanzarlos.

Sin embargo China, Rusia, Australia, India y otros países que componen el grupo denominado G77, se han desmarcado o están poniendo trabas en las negociaciones. Especialmente en lo referente a asegurar medios financieros para la implantación de las planes de desarrollo que se decidan en las conferencias de  Adís Abeba (Financiación), Nueva York (ODS), Paris (Cambio Climático) y  Estambul (Acción  Humanitaria). Incluso la UE, que ha sido el único grupo regional en reafirmar sus compromisos con el 0,7% de RNB para la Ayuda Oficial al Desarrollo, ha rebajado sus ambiciones para conseguirlo antes del 2020.

También será clave una mayor coherencia de las políticas, especialmente a nivel de la Unión Europea, para asegurar que nuestros acuerdos comerciales, las relaciones bilaterales, nuestras políticas de asilo y migración cumplan las leyes internacionales de derechos humanos, derechos de los trabajadores y apoyo humanitario.

Estamos ante un momento clave  para avanzar, de manera global,  en la lucha contra la pobreza y la UE ha de liderar ese proceso. Tenemos que conseguir que en 2015  se garantice  a la generación  venidera el fin de las lacras de la pobreza  en todas sus formas y de la desigualdad. Pero compromisos sin voluntad política real para cumplirlos y la voluntad política sin medios económicos, son palabras vacías que muchas veces son más negativas que el propio silencio.

Es por ello que el Parlamento Europeo,  en cuatro informes diferentes, pide  más ambición a los Estados y  más responsabilidad para conseguir los objetivos a nivel nacional y  mundial,  así como más implicación del sector privado y de la sociedad civil. Todos hemos de poner de nuestra parte e   implantar mecanismos de seguimiento y los medios financieros y fiscales necesarios para acabar con que en este mundo haya unas pocas islas de gran bienestar en medio de un océano de inmensa pobreza.

No solo estamos hablando de objetivos técnicos, es una inversión en el futuro que queremos ver y vivir en 2030.  Cada Estado tiene que preparar sus  visiones y planes propios dentro de los marcos y calendarios acordados y asegurar que las alianzas entre los entes locales, los parlamentos y la sociedad civil  sean más robustas en la consecución de los nuevos objetivos.

Estamos preparados para un  desarrollo humano con objetivos universales, que cuide del planeta y  que ayuden a cada uno de los 193 Estados a cumplir sus compromisos.  De aquí a diciembre se ha de dar el último impulso.